Tercer movimiento. Un instante de luz

Hace millones de años no éramos más que otros animales que en un momento dado decidieron incorporarse y empezar a caminar sobre dos patas.

Como tales, nos reuníamos en grupos y nos movíamos de un lugar a otro buscando los sitios que estuvieran más resguardados y, que además tuvieran suficiente alimento y agua para asegurar la superviviencia.

Esas migraciones siguen presentes hoy en día en una gran variedad de especies animales y son mucho más que un simple desplazamiento.

Se trata de un viaje colectivo, perfectamente planificado y grabado a fuego en el instinto y los genes de cada especie.

En un momento dado, cada especie abandona sus hábitats familiares para embarcase en una aventura con un objetivo perfectamente claro: llegar.

Estos viajes suelen ser lineales, por algún motivo saben bien que tienen que buscar el camino más corto y, además, siempre implican unas conductas especiales de preparación como la sobrealimentación en previsión del extraordinario gasto de energía que les va a suponer el viaje.

Durante su camino, su determinación es absoluta y mantienen toda su concentración en su objetivo. No hay tentaciones ni obstáculos que puedan lograr que se desvíen ni por un segundo de su objetivo:

Los animales están total y absolutamente empeñados en llegar, cueste lo que cueste.

¡Hay que ser animal!

Tercer Movimiento: Un instante de luz

Pues como animal, bastante burro, que también soy, yo también estoy en pleno proceso de migración. Y en mi caso, también es el instinto el que me dirige, ¿hacia dónde?

Tercer movimiento: Un instante de luz

Hacia adelante, en línea recta y tratando de evitar todas las distracciones que se me presentan en el camino, que os puedo asegurar que son muchas.

Como todas las cosas que me pasan últimamente, todo empezó también con esta Autobiografía Sonora, con las cosas que he ido aprendiendo de mí mismo y con las cosas que me habéis ido enseñando de mí mismo, como por ejemplo mi memoria de elefante.

Siempre he sido un poco ganso, eso he re reconocerlo, así que imagino que tendré que hacer caso a mi instinto y seguir volando hacia adelante, no demasiado alto que me mareo y, aunque mi tamaño, más propio del de una pulga o un piojo, hace que a veces tenga que esforzarme de más para seguir el ritmo, yo no me desespero.

Todavía hay veces que pienso que soy más pesado que una vaca en brazos o que la vida de un insignificante mosquito como yo no debería de interesar a nadie. Ni a la atareada hormiguita que tiene ocupados todos los minutos del día en sus quehaceres rutinarios, ni al águila de los negocios que vuela alto controlando con sus garras de acero todo lo que no le haga mantenerse o incluso volar aún más alto.

Durante muchos años he querido vivir a toda velocidad, como un galgo tras su presa, quería conocer todo y corría dando continuos volantazos a mi vida según me fueran llegando las distracciones.

En realidad, me daba un poco igual el destino, yo solo quería correr, daba igual la dirección, lo importante era el movimiento y, como una ardilla, iba saltando de rama en rama buscando el árbol que me diera el mejor cobijo o volando de flor en flor, como una afanosa abeja, deseando encontrar la que me dejara saborear su polen.

La flor la encontré y nunca más quise volver a probar ninguna otra. Su sabor dulce era lo que había estado buscando toda mi vida y el que me alimentaría el alma el resto de mis días. Plantamos un jardín del que salieron cuatro hermosas flores esperando que algún día sean muchas más.

Poco a poco voy perdiendo mi pelaje y el ritmo de la migración empieza a parecerse más al de un caracol impetuoso que al de un leopardo (aunque sea sordo). No me importa demasiado, siempre he querido recorrer el mundo en autocaravana imitando la vida de una tortuga.

En este constante caminar he ido encontrando muchos animales que han ido acompañándome y enseñándome que no hay un solo camino y que cada uno elige el suyo, pero lo más importante, que esos caminos se pueden juntar siempre si ambos estáis de acuerdo.

Algunos de esos animales eran auténticas bestias y otros eran más sensibles, como las mariposas que revolotean en el estómago cada vez que volvemos a vernos.

Unos, que al principio parecían unos cerdos han resultado terminar siendo verdaderos 5 Jotas, de esos que cada vez que los ves te alimentan el alma y te dejan con ganas de más.

También he conocido cotorras y papagayos que no paraban de hablar porque lo saben todo y siempre tienen respuesta para cualquier tema e incluso a algún gato callejero que acabó perdiendo alguna de sus vidas aplastado por la curiosidad.

Y por supuesto, también he conocido ratas, gusanos, hienas, buitres y sanguijuelas interesadas únicamente en chuparte la sangre hasta dejarte vacío mientras ellos reptaban con la tripa bien llena.

Pues bien, en ese continuo saltar de charca en charca buscando unos buenos nenúfares donde posarme, parece que, por fin, he encontrado la mía.

Nunca he sido un pulpo con ocho tentáculos capaz de atender varios asuntos a la vez, aunque Paula os diga lo contrario, y mucho menos un ratón de biblioteca capaz de asimilar cantidades ingentes de sabiduría.

Tampoco soy una de esas arañas de Google amigas de las cosas artificiales que todo lo buscan y expertas en aplicaciones que todo lo quieren medir, incluido el tiempo, para conseguir que seamos más eficientes y menos creativos.

Y, he de reconocerlo, en alguna ocasión también he sentido la tentación de ser un borrego y me he escondido bien dentro del rebaño con la intención de que nadie se fijara mucho en mi, hasta que viendo que ese “Veeeen, veeen, veenn” que salía de sus gargantas no era más que un canto de sirenas que era incapaz de emocionarme. Esa musiquilla de masas nunca me atrajo.

Resulta que más bien soy un calamar deseoso de escribir ríos de tinta, aunque en algunas ocasiones, como la de hoy, más bien deje manchas incomprensibles.

En fin, tengo la sensación que estoy llegando ya a las verdes praderas, puedo oler el suave olor de la hierba que crece junto a las riberas de los ríos, puedo escuchar como las vacas sagradas arrancan y mastican esa misma hierba llenando sus múltiples estómagos y casi puedo saborear las mieles de las colmenas del éxito.

Sé que todavía me queda un trecho para llegar y que debo estirar bien el cuello como si fuera una jirafa para ver desde lejos los peligros que me van a seguir acechando. Todavía tengo que cruzar algún que otro río infestado de cocodrilos hambrientos dispuestos a despedazarme sin piedad y no sería el primero (ni el último) que creyendo que ha llegado, acaba siendo el aperitivo de algún gran león.

Pero también sé que,

Ahora siento el cuerpo
Ahora es el momento

Pongo rumbo a la locura
que me sabe a poco
andar a ras de suelo despacito

y he subido a tanta altura
que el cielo es poco
y solo tu mirada necesito

y has venido, me has mirado
y de repente se ha parado el tiempo

y ahora siento el cuerpo
Ahora es el momento

PD. Ahora es el momento de pediros que, como palomas mensajeras, llevéis mi mensaje a cualquiera que pueda necesitarlo (y que quiera pagar por ello que mis crías quieren comer todos los días)

Marcos. Copywriter

Nada después de tu mirada
Nada después de este instante de luz
solo una imagen congelada
Nada después de este instante, que tú

Ni un millón
de besos que te diera
de abrazos que te diera
de versos que te hiciera

Date prisa, métete en la cama
que el vis a vis se acaba
y empieza aquí
con esta flor, la primavera

Ojalá me muera
de repente, ahora
fruto de esta alegre sobredosis
que me da al tenerte justo enfrente ahora
y ya no necesito nada más

que tú queriendo descifrar
mi empeño por poner
un cielo azul aquí entre tanto trasto

Tú tratando de entender
qué he venido a buscar
perdí el gobierno de mis propios actos

Tú, capaz de adivinar
mensajes escondidos
en mis aullidos
bajo la luna llena

Tú haciéndome llegar
al límite, al deseo

Y ahora siento el cuerpo
Ahora es el momento

No quedan sombras del pasado
desde que te has acercado
Ahora todo es claridad

No quedan penas atrasadas
ni quedan puertas cerradas
ni nada que derribar

Nada después de tu mirada
Nada después de este instante de luz
solo una imagen congelada
Nada después de este instante, que tú

Ni un millón
ni de cataclismos

Date prisa, métete en la cama
que el vis a vis se acaba
y empieza aquí
con esta flor, la primavera

Y estoy harto de sobrevivir
el tiempo que no te veo
y ahora que tú te has pasado por aquí
y estoy en pleno apogeo

ojalá me muera de repente, ahora
fruto de esta alegre sobredosis
que me da al tenerte justo enfrente ahora
y ya no necesito nada más

que tú queriendo descifrar
mi empeño por poner
un cielo azul aquí entre tanto trasto

Tú tratando de entender
qué he venido a buscar
perdí el gobierno de mis propios actos

Tú, capaz de adivinar
mensajes escondidos
en mis aullidos
bajo la luna llena

Tú haciéndome llegar
al límite, al deseo

Y ahora siento el cuerpo
Ahora es el momento

Pongo rumbo a la locura
que me sabe a poco
andar a ras de suelo despacito

y he subido a tanta altura
que el cielo es poco
y solo tu mirada necesito

y has venido, me has mirado
y de repente se ha parado el tiempo

y ahora siento el cuerpo
Ahora es el momento

Au Au Au
si la luna brilla

9 comentarios en «Tercer movimiento. Un instante de luz»

  1. Wuauuuuu esto es otro estado de conciencia…un gusto leerte,enhorabuena por saber saborear el todo,un abrazo!!!! Alicia 🥰🥰🥰🥰

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  2. Y a veces estoy en la jungla…buscando sobrevivir cuando, en realidad, el ciclo es perfecto.
    Eres un camaleón, capaz de adaptarte a cualquier situación.
    Me encanta esta comparación con animales, como animales que somos.

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  3. A mí, por lo que me toca, me ha gustado mucho el párrafo en el que dices que encontraste la flor y que juntos plantasteis un jardín del que salieron cuatro hermosas flores…

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