There´s a light that never goes out. The Smiths.

La casa vuelve a estar en silencio. Robe vuelve a sonar, a acompañar, a inspirar y a respirar. Ahí dentro sigue viviendo, puedo sentirlo, y el Interludio vuelve a susurrarme que he perdido el eje del salón.

No queda nada que derribar.

Ha sido un domingo infinito.

¡Vaya concepto!, ¿verdad?

Infinito.

Alguien un día me dijo que una recta puede salir por el “más infinito” y volver por el “menos infinito”. Yo no era muy listo, pero no podía creer que el que me decía esa frase se la creyera. Sin embargo, había algo en su voz, en su seguridad y en su mirada, en la que he querido reflejarme tantas veces, que confirmaba mis pensamientos.

Se lo creía y lo entendía. ¡Vaya zumbado!

Yo nunca lo creí.

Hoy lo he entendido. Por fin. ¿Qué son 40 años?

Te lo voy a explicar.

Imagina una recta muy larga. Tan larga que no se sostiene y a medida que crece se va curvando inevitablemente por el peso. Eso mismo le va pasando a los dos extremos de la curva, o de la recta, una hacia un lado y la otra hacia al otro (abstenerse ingenieros y demás cerebritos de aportar ningún tipo de corrección a mi narrativa).

Muy larga.

Y esas dos rectas que se han convertido en curvas, en olas, en corrientes de aire, en remolinos de abrazos, acaban uniéndose en un único punto en el horizonte. Y cuando lo descubres, y ves que ese punto está dentro de ti, sonríes y lloras a la vez.

¿Quién es el zumbado ahora, listillo?

Cada segundo vivido, cada paso avanzado, cada latido, cada lágrima, cada grito, cada sonrisa, cada caricia, son puntos de esa recta que se convierte en curva y que te lleva hasta el infinito y hasta el menos infinito, que son el mismo punto.

Un instante de luz.

Un instante infinito de luz.

Pero el camino es largo y agotador. Yo he llegado dando tumbos, deshidratado, con calambres en las piernas y con los cojones apretados, tanto que hasta ellos me pedían abandonar.

—“Nos tienes hasta las pelotas”, —solían decirme, resignados, raspados, agrietados, encogidos, cogidos por los huevos.

¿Si la luna brilla?

Todo el tiempo. Aunque no lo veamos. Aunque sea invisible a nuestros ojos, como lo esencial.

Y en ese deambular por el menos infinito, con el miedo marcando el norte y el sur buscando el horizonte que estaba a un solo paso, cuando buscaba una sombra para hacerme a un lado y dejarme llevar por los vientos de la resignación, cuando estaba a punto de cerrar los ojos para no volver a mirar a mi camino, una voz segura y familiar, me ha recogido de en medio del camino, ha mojado mis labios agrietados con un agua fresca, me ha levantado por los hombros, me ha sujetado y me lo ha vuelto a decir:

—Una recta se va por el “más infinito” y vuelve por el “menos infinito”.

—Ahora que lo has visto, ¿te lo crees ya?

El suelo se mueve, en serio, se mueve, me desequilibra.

Sí, la luna brilla, tanto que se tiene que esconder.

Su luz es tan mágica que solo podríamos mirar hacia arriba si brillara siempre.

A algunas personas les pasa eso también. Conozco varias. Luces puras, brillantes, serenas, de las que te agarran de la mano por el camino y te dicen: “es por aquí”, de las que te gritan desde el borde del camino: “por ahí no es”, de las que te dan un vaso de agua y te regalan una sonrisa de las que alimentan el alma.

Sí, estoy seguro de que conozco varias de esas.

Pero también existen otras. Tan brillantes, tan refulgentes, tan deslumbrantes y con tanta fuerza que no se las puede mirar directamente. Te cegarían.

Yo conozco a una. La primera vez que la vi se me ocurrió, pobre de mí, mirarla directamente. Mis pupilas ardían, pero conseguí sostener la mirada y perderla al mismo tiempo para siempre.

Como te decía, esas personas brillan tanto, que a veces sufren. Se sienten invisibles. ¡Que contradicción!, ¿no? ¿Una luz deslumbrante e invisible? ¿Será quizás una luz que sale por el más infinito y vuelve por el menos infinito?

Pues sucede. Y cada vez que sucede, esa luz sufre. Se apaga un poco. Pequeños fragmentos de luz se van difuminando y los claroscuros van ocupando lugares que no les corresponden.

No entiende. ¿Por qué no me ven? ¿Acaso soy invisible?

¡Invisible!, dice.

No, no es culpa de la luz, pero tampoco de ellos. Es una reacción natural de protección. Brilla demasiado, prefieren fingir que no la ven, gafas oscuras y mirada al otro lado. Tanto brillo refleja, y en ocasiones puede resultar demasiado doloroso verse ante esa luz, porque desvela irremediablemente todas las sombras propias.

Y aunque a veces es necesario lamerse las propias sombras, es mucho más fácil fingir que tu luz no les afecta y eso solamente puede hacerse convirtiéndote en invisible.

Pero tranquila, no lo eres, y menos a mis ojos quemados por tu luz.

Y aunque yo tenga mis retinas calcinadas de amor, sigo sintiendo la luz, me retumba en los oídos, me ilumina el camino, me llena la boca de sabores lejanos y salados, me quema en la entrepierna, y entre pierna y pierna, me refugia del dolor y enciende la luz dentro, tan dentro, que ya no sé si es el horizonte o el infinito.

Y no quiero volver a mi hogar porque ya no tengo uno.

Y allí me quedo, esperando a que llegue el infinito, por el lado que sea, porque morir a tu lado, sería una manera celestial de morir.

Un domingo infinito para seguir avanzando. Ya sé el camino. Lo he recorrido y conozco el secreto: el final es siempre el principio, sigue andando.

Y me regalas una nueva vuelta al sol a tu lado, con los ojos cerrados, bailando como derviches bajo la luz de la luna, con luces que van creciendo a nuestro alrededor, preparándose para salir despedidas hacia el infinito, o hacia el menos infinito, ¿qué más da?

Así que sí, estoy seguro, conozco una de esas luces, hoy brilla con un fulgor especial, hoy es más sabia, más intensa y más profunda.

Una de esas luces que nunca se apagarán.

Take me out tonight
Where there’s music and there’s people
And they’re young and alive
Driving in your car
I never, never want to go home
Because I haven’t got one anymore

Take me out tonight
Because I want to see people
And I want to see life
Driving in your car
Oh, please, don’t drop me home
Because it’s not my home, it’s their home
And I’m welcome no more

And if a double-decker bus crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten ton truck kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure, the privilege is mine

Take me out tonight
Take me anywhere, I don’t care, I don’t care, I don’t care
And in the darkened underpass
I thought, oh God, my chance has come at last
But then a strange fear gripped me
And I just couldn’t ask

Take me out tonight
Oh, take me anywhere, I don’t care, I don’t care, I don’t care
Driving in your car
I never, never want to go home
Because I haven’t got one, la-di-dum
Oh, I haven’t got one
Oh, oh

And if a double-decker bus crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten ton truck kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure, the privilege is mine

Oh, there is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out

Llévame a dar una vuelta esta noche
Donde haya música y gente
Y sean jóvenes y estén llenos de vida
Conduciendo en tu coche
No quiero, no quiero volver a casa
Porque ya no tengo una

Llévame a dar una vuelta esta noche
Porque quiero ver gente
Y quiero ver la vida
Conduciendo en tu coche
Oh, por favor, no me dejes en casa
Porque no es mi casa, es la casa de ellos
Y ya no soy bienvenida

Y si un autobús de dos pisos nos atropella
Morir a tu lado
Es una forma tan celestial de morir
Y si un camión de diez toneladas nos mata a los dos
Morir a tu lado
Bueno, el placer, el privilegio es mío

Llévame esta noche
Llévame a cualquier parte, no me importa, no me importa, no me importa
Y en el paso subterráneo a oscuras
Pensé: «Oh, Dios, por fin ha llegado mi oportunidad»
Pero entonces me invadió un extraño miedo
Y simplemente no pude preguntarlo

Llévame esta noche
Oh, llévame a cualquier parte, no me importa, no me importa, no me importa
Conduciendo en tu coche
Nunca, nunca quiero volver a casa
Porque no tengo una, la-di-dum
Oh, no tengo una
Oh, oh

Y si un autobús de dos pisos nos atropella
Morir a tu lado
Es una forma tan celestial de morir
Y si un camión de diez toneladas nos mata a los dos
Morir a tu lado
Bueno, el placer, el privilegio es mío

Oh, hay una luz y nunca se apaga
Hay una luz y nunca se apaga

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