Las gotas de lluvia golpeaban contra la ventana de la buhardilla y el sonido se mezclaba con la melodía que salía de mi doble pletina situada al borde de la cama junto a los varios soportes de casettes de color marrón y una pila de cajas vacías y cintas sin caja.
Oh I say a prayer
A prayer for you
Oh for you
Esa voz con acento escocés, rezaba por mí.
En mi mesa de estudio, el flexo iluminaba el libro de historia y unos cuantos folios garabateados con resúmenes y esquemas ocupaban desordenados la mayoría de la superficie de la misma.
Yo, sentado en mi silla de madera, tapado con una manta para combatir el penetrante frio que dominaba mi habitación cada invierno, trataba de memorizar cómo se había fundado la Triple Entente y qué países la formaban, mientras luchaba contra el sueño y el cansancio que me abrazaba y me llamaba dulcemente desde la cama.
Mis párpados se cerraban y yo intentaba resistir mientras las líneas del libro se mezclaban unas con otras, y se enfocaban y desenfocaban sin control. Era entonces cuando, una última chispa de responsabilidad saltaba en mi cerebro, y con el ángelito bueno fuera de la manta y completamente aterido de frío, conseguía reunir las suficientes fuerzas para pensar:
Mañana me levanto a las cinco y media y sigo estudiando.
El ángelito malo sonreía cínicamente calentito bajo la manta. Sabía de sobras que no conseguiría levantarme a esa hora y que ese examen de historia iba a ser complicado de aprobar.
Ayer volví a experimentar exactamente la misma sensación, cuando, después de sacar a los perros por la noche, decidí sentarme a escribir la historia de hoy. Con una diferencia de cuarenta, grados y años, regresé a aquella vieja mesa de estudio con igual resultado:
Mañana me levanto pronto y me pongo a escribir.
Y aquí estoy sentado al ordenador, retorciendo recuerdos y neuronas para intentar conseguir una frase que te robe una sonrisa o quizás un suspiro o quizás una idea que te ronde todo el día y te haga pensar y necesites compartirla.
In demand
Contrariamente a lo que me suele suceder, hoy tengo varios temas que contarte. De nuevo un flash de mi infancia salta como una chispa creativa para intentar explicar tantos acontecimientos. La teoría de conjuntos.
Varios son los conjuntos que he tenido que atender durante estos días, y en la intersección de todos ellos, yo, tratando de equilibrar el empuje de cada uno de ellos y a la vez aprisionado en el centro sin la posibilidad, ni la intención, de escapar de todos ellos.
Esa zona rallada en la que coinciden todos esos conjuntos es mi propia esencia, la que trato de plasmar cada miércoles, la que trata de explicar mi vida, la que da sentido a la misma. Y en el centro de esa zona, está ella, tan solicitada, pero tan cerca.
Empecemos definiendo los conjuntos.
El lunes, el gato volvió a subirse a lomos del cerdo. Había avistado comida, como siempre antes que nadie. La había percibido, husmeado, olfateado en el aire y había puesto al cerdo a caminar en esa dirección, mientras la jirafa giraba su enorme cuello para indicarle que se estaban desviando del camino, una vez más.
Tocaba desmontar una tienda, sacar todos los muebles de la misma, subirlos al camión y guardarlos en el almacén. Algo sencillo pero que el calor y los atascos complicaron agotadoramente.
Salir de la tienda arrastrando el mueble sobre los carritos de madera mientras el solo cegaba y te consumía por dentro era la parte sencilla. Lo malo comenzaba cuando había que subir y colocar el mueble dentro de la caja del camión que descansaba pacientemente absorbiendo y acumulando grados Celsius sin descanso. Era entonces cuando notabas cómo las gotas de sudor empezaban a proliferar en la frente y algunas, las más aventureras, resbalaban por el cuello para iniciar un descenso vertiginoso entre los pectorales para acabar en el ombligo donde se acumulaban para traspasar la camiseta otorgándola distintas tonalidades.
Dos camiones tuvimos que cargar y dos camiones tuvimos que descargar.
Casi sin darnos cuenta, un cielo plomizo se fue formando durante el último viaje al almacén con el camión cargado de muebles. El calor del sol había calentado el aire más cercano al suelo, haciéndolo ascender rápidamente formando columnas de aire ascendentes que se toparon con un aire más frío en capas superiores formando las primeras gotas que empezaban a caer mientras bajábamos la trampilla del camión.
Aunque la temperatura era más llevadera, las gotas de lluvia se mezclaban ahora con las de sudor y yo, miraba impaciente el reloj del móvil porque, a pesar de tener ya el cuerpo bastante castigado con el agotador trabajo físico del día, todavía me esperaba la parte más intensa de esa jornada de lunes. Otra tormenta, proveniente de las highlands escocesas y formada en los suburbios de Glasgow, amenazaba con descargar toda su energía sobre unos cuantos valientes deseosos de empaparnos de gotas musicales.
Pocos minutos después de las seis de la tarde, me subía de nuevo a mi coche y volvía a casa para darme una ducha, larga y reconfortante, cambiarme y esperar a que llegara mi amigo para ir al concierto de Texas.
Otra vez Texas.
Otra vez Sharleen.
Otra vez sus canciones.
Otra vez los mismos abrazos de tantas otras veces que siempre me siguen pareciendo pocas.
Esta vez la cita era en las Noches del botánico y allí nos juntamos varios de barbas canosas uniendo recuerdos para formar una historia común con muchos protagonistas.
Memorias lejanas en el tiempo, pero presentes en el corazón, recuerdos de momentos compartidos que reclamaron durante unas horas su papel en la historia, no escrita, vivida, de cada uno de nosotros.
Vínculos que habían sido enterrados, pero no quebrados y que, como si fueran las cuerdas de una guitarra, solamente había que rasgar para levantar esas capas que antes los cubrían y conseguir de nuevo una melodía que formaba parte de todos nosotros.
Y esa fue la tormenta que desató Sharleen, con sus canciones, con su voz, con su simpatía, con su sonrisa, con sus conversaciones, con su emoción y con algún otro “Fuck off” que soltó mientras hablaba con las primeras filas del público.
Me encantó el concierto, sus canciones, el ambiente, el sonido, todo, pero eso no fue lo más especial ni lo más importante.
Lo más importante fue la compañía, comprobar cómo sensaciones que parecían dormidas, o más bien olvidadas, se despertaban con una sola mirada, historias acontecidas hace décadas se convertían en protagonistas y sentimientos sepultados bajo lápidas del tiempo, afloraban por las rendijas de la memoria para hacernos sentir de nuevo que estamos vivos, y que esas emociones, aunque juveniles e inocentes, eran también puras y verdaderas, porque existieron de verdad y porque, sin darnos cuenta, siempre han formado parte de nosotros y nos han traído hasta el presente.
Somos pedazos brillantes en la historia de otros, somos granos en sus graneros, somos risas que perfilan la sonrisa de otras personas, somos ejemplo, líderes y seguidores, somos conjuntos que interseccionan en puntos y lugares comunes y que, sin quererlo o sin ser conscientes, nos completan, nos aportan, nos diferencian.
Y todo eso lo sentí con mis propios ojos y lo vi con mis propias emociones mientras una escocesa morena de pelo corto nos cantaba las canciones de nuestras vidas.
Yo no fui a un concierto, yo me metí en una máquina del tiempo en la que fue encontrando trocitos de mi vida, uniendo de nuevo unos con otros, celebrando la amistad con cada uno de ellos, y cantando a voz en grito canciones siempre me recordaran esos momentos y a esas personas.

Canciones que cada vez que suenen, iluminarán nuestras partes del cerebro que almacena los recuerdos y que inmediatamente serán encontrados para bailar un baile infinito entre otros recuerdos cargados de polvo.
Todavía embriagado con la dulzura de lo vivido la noche anterior y del ron ingerido, me levanté para terminar de preparar las maletas de las más pequeñas que se iban a su primer campamento de verano. Una semana fuera de casa, fuera del abrigo de sus padres, alejadas de la seguridad del hogar, pero alentadas por la perspectiva de vivir sus primeras aventuras solas y de hacer amigas que probablemente no vuelvan a ver pero que nunca podrán olvidar.
La excitación por descubrir, por experimentar, por encontrar, por vivir, por sentir, generaba un aroma de ilusión que engalanaba las sonrisas de todos los chavales allí presentes, unas sonrisas que combinaban ganas, nervios, algunos miedos y un ansia desbocada por empezar a andar sus propios caminos.
Y mi amor, seguía igual de solicitada.
Esta vez un amigo de su trabajo, que nos volvía a demostrar y a recordar que la vida no se trata de pedir, sino de dar, y que cuando lo haces de manera honesta, la recompensa llega de forma natural, en el bordillo de una piscina y en forma de cuatro pequeñas nuevas amistades con las que compartí juegos, saltos, persecuciones y señales que seguramente algún día formen parte también de sus recuerdos más emotivos.
De nuevo un conjunto que se introducía y se mezclaba con los míos para formar una zona común, segura y feliz.
¿Y si nuestra verdadera misión en la vida fuera crear esos pequeños momentos para asegurarnos de que los que vienen detrás tienen la mochila llena de recuerdos felices que les permitan mirar a la vida con una sonrisa?
Creo que esa es mi misión. Me gustaría que lo fuera. Y cada miércoles lo intento.
Y mi amor sigue in demand, solicitada, pero esta vez he sido yo la que la he solicitado, para mí, solo para mi, para revivir recuerdos imborrables de nuestros primeros viajes, para volver a sentir su mano en la mía cuando la ponga encima de la palanca de cambios del coche y sigamos recorriendo los caminos que vamos construyendo juntos hace ya más de veinte años.
Nos vamos de viaje. Solos. Las niñas de campamento descubriendo la vida, los niños en casa con su tío, otra de esas personas que tienen clara que su misión es llenar su vida pequeños momentos inolvidables, y sin cuya ayuda, la estructura se tambalearía.
Y nos vamos porque sé que ahora tengo a alguien que se preocupa por mi y que escribirá mi nombre en las plateadas arenas de la playa para que las olas se las lleven a otras orillas más lejanas para seguir cumpliendo mi misión.
When we were together i was blown away
just like paper from a fan
but you would act like i was just a kid
like we were never gonna’ last
but now i’ve got someone who cares for me, (yeah)
wrote my name in silver sands
i think you know you’ve lost the love of your life
(you said) i was the best you’ve ever had
because i’m in demand, (hey)
you’re thinking of the way you should’ve of held my, (hand)
and all the times you’d say you didn’t understand
you never had our love written in your, (plans)
but now i’m in demand
i never think you saw the best of me (ahh haa haa haa)
there’s a side you’ll never know
‘cos love and loving are two different things (ah haa haa haa)
set your sights far too low
but now i’ve got someone who cares for me, (yeah)
he wrote my name in silver sands
i think you know you’ve lost the love of your life
(you said) i was the best you’ve ever had
because i’m in demand, (hey)
you’re thinking of the way you should’ve held my (hand)
and all the times you’d say you didn’t undersatand
you never had our love written in your plans
but now i’m in demand
you’re thinking of the way you’ve should’ve of held my (hand)
and all the times you’d say you didn’t understand
you never had our love written in your , (plans)
but now i’m in demand
it’s only when i fall asleep
i see that winning smile
when my dreams just move along
you’ve lost the race by miles
yeah, yeah, yeah, yeah, yeah
yeah, yeah, yeah, yeah, yeah
stay, yeah, yeah, yeah, yeah
yeah, yeah, yeah, yeah, yeah
because i’m in demand
you’re thinking of the way you should’ve of held my (hand)
and all the times you’d say you didn’t understand
you never had our love in your, (plans)
but now i’m in demand, (yeah)
you know i’m in demand
(say you’re in demand)
you know i’m in demand, (yeah)
always in demand, (yeah)
never had our love written in your plans
you know i’m in demand
you see me in demand
Cuando estuvimos juntos me quedé alucinada
como el papel de un abanico
pero tú actuabas como si yo fuera sólo una niña
como si nunca fuéramos a durar
pero ahora tengo a alguien que se preocupa por mí, (sí)
escribió mi nombre en arenas plateadas
creo que sabes que has perdido al amor de tu vida
(dijiste) que yo era lo mejor que has tenido nunca
porque estoy en demanda, (hey)
estás pensando en la forma en que deberías haber sostenido mi, (mano)
y todas las veces que decías que no entendías
nunca tuviste nuestro amor escrito en tus, (planes)
pero ahora estoy en demanda
i never think you saw the best of me (ahh haa haa haa)
there’s a side you’ll never know
‘cos love and loving are two different things (ah haa haa haa)
set your sights far too low
pero ahora tengo a alguien que se preocupa por mí, (sí)
escribió mi nombre en arenas plateadas
creo que sabes que has perdido al amor de tu vida
(dijiste) que yo era lo mejor que has tenido nunca
porque estoy en demanda, (hey)
estas pensando en la forma en que deberias haber sostenido mi (mano)
y todas las veces que dirias que no entendias
nunca tuviste nuestro amor escrito en tus planes
pero ahora estoy en demanda
estas pensando en la forma en que deberias haber sostenido mi (mano)
y todas las veces que dirias que no entendias
nunca tuviste nuestro amor escrito en tus , (planes)
pero ahora estoy en demanda
solo cuando me duermo
veo esa sonrisa ganadora
cuando mis sueños solo avanzan
has perdido la carrera por millas

Gracias Marcos. Te vi feliz bajando del coche, y fue maravilloso reencontrarme con esa gente que te acompañaba, siempre cargada de una energía inigualable