Ring the bells. James

Sabía que era importante ir fijándome en cada señal, guardándolas en mi memoria para conseguir volver a casa.

Una placa del Partido Socialista de Portugal, un estudio de fotos, un supermercado, un edificio en construcción o un bar con mesas en la calle en la que varios hombres discutían con el primer café de la mañana en la mano, mientras, al otro lado de la calle, dos señoras se protegían de los primeros rayos de sol bajo la marquesina de la parada de autobús.

Iba guardando todas y cada una de las señales en mi cabeza a modo de miguitas de pan mientras construía mi propio mapa mental.

Yo, que vivía una hora más tarde que ellos por no haber cambiado la hora del reloj al horario portugués, corría en dirección a la playa sin ninguna intención de bañarme. Solamente quería llegar y ver el océano.

El Atlántico.

No fue para tanto, la verdad, así que, un poco decepcionado por mis propias expectativas que esperaban encontrar un mar embravecido luchando contras las rocas y una playa infinita de arenas blancas y completamente libre de influencia humana, decidí recorrer todo el paseo marítimo que lleva desde la playa de la Duquesa en Cascais hasta Estoril.

Un paseo plagado de edificaciones históricas, palacetes, fortalezas y casas señoriales que denotaban el poder económico de la zona, pero ni rastro de esa playa que había soñado en mi cabeza. El salvaje Atlántico se había convertido en un gatito domesticado y las olas fantaseadas previamente como caballos desbocados con sus crines blancas al viento se habían convertido en simples peluches en una piscina de agua salada construida por el hombre para su uso y disfrute.

Pasé por la playa das Moitas, antes conocida como la playa de las ratas, la de Tamariz con su piscina oceánica, la rocosa playa do Pescoço do Cavalo, la playa da Poca, la playa de Sao Joao do Estoril para acabar en la pequeña playa de Azarujinha donde finalizaba el paseo marítimo.

Al volver sobre mis propios pasos iba recordando cada una de las señales fotografiadas mentalmente y archivadas en mi cabeza.

Estación de trenes abarrotada de trabajadores en todas direcciones, un Alcampo, mismas obras, mismas carreteras….por aquí voy bien, pensé.

Lo que no fui capaz de encontrar fue un pequeño parque con unas escaleras construidas con traviesas de madera que en otro tiempo habían formado parte de las vías de algún tren que probablemente podría contar miles de historias de amores imposibles, despedidas y corazones rotos.

Ring the bells

Aquello me puso en alerta. Recordaba fielmente ese parque y sus escaleras flaqueadas por pinos jóvenes, y esperaba encontrarlo en cualquier momento, en cada esquina que doblaba.

Nada, a pesar de haber reconocido muchas de las señales, aquel parque había desaparecido. Nunca volví a verlo.

Volví a ver el estudio de fotografía y el cartel del partido socialista, pero cuando llegué allí, no era capaz de recordar por donde había pasado anteriormente. Parado ante aquel cartel, traté de recordar el camino recorrido cerca de una hora antes. Por mucho que revisara mi archivo mental de señales, no era capaz de encontrar la ruta correcta.

Subí por una calle que no era capaz de reconocer.

Por aquí no.

Volví al mismo punto para, una calle tras otra, recorrerme todas las posibilidades sin que mi mente fuera capaz de recordar mis pasos.

Estaba perdido.

Perdido y cansado.

La camiseta completamente empapada de sudor producido por el calor, la humedad y el esfuerzo pesaba cada vez más y, aunque sabía que debía estar cerca, me había metido en un laberinto del que no era capaz de salir.

Tampoco tenía la posibilidad de preguntar, porque no sabía la dirección de la casa donde habíamos alquilado una habitación para pasar los tres días y dos noches que nos había llevado montar la tienda que habíamos venido a hacer.

Afortunadamente había sido precavido y, a pesar de que nunca llevo el móvil cuando salgo a correr, esta vez sí que lo había metido en una bolsita hermética para evitar que se empapara con mi propio sudor. No solo eso, sino que, además, antes de empezar a correr me había enviado a mi mismo la ubicación.

Siempre he tenido una gran capacidad para orientarme. Aún recuerdo el viaje de fin de curso de la Universidad cuando alquilamos unos coches en París para movernos por la ciudad y me convertí, sin yo pedirlo, en el guía oficial de la clase en aquella época en la que Google era solamente un proyecto de investigación de dos estudiantes de la Universidad de Stanford. Sin embargo, esta vez mi escáner no había funcionado correctamente y debía echar mano de la tecnología, muy a mi pesar.

Saqué el móvil y al abrir la ubicación, ésta me enviaba a un punto en medio del vasto océano. Después de intentarlo varias veces, el resultado siempre era el mismo, un punto perdido en mitad del mar. ¿Sería eso una señal?

Perdido en la tierra y perdido en el mar.

Sin saber qué camino tomar a pesar de haber seguido las señales. ¿Estarían equivocadas? ¿las habría interpretado incorrectamente yo? Ya no sentía que mi Dios me estuviera vigilando.

¿Hacia dónde dirigirme? ¿Dónde encontrar el camino?

Mis pensamientos luchaban contra las olas del océano aferrándose a mis recuerdos que todavía me mantenían a flote buscando algún lugar al que agarrarme mientras las corrientes de la vida me zarandeaban sin piedad de un lugar a otro jugando conmigo para que no fuera capaz de encontrar mi pequeño jardín que llenar de palabras disfrazadas de flores multicolor.

Perdido, asustado, tratando de seguir la luz del faro que cada vez luce con más fuerza.

Entonces recordé que la noche anterior habíamos salido a cenar a un restaurante muy cercano a la casa que estaba pegado a una autopista y a una gasolinera. Tardé poco en localizar la gasolinera desde la que sabía regresar a casa.

1,1 kilómetros me separaban de mi destino. Así, siguiendo las indicaciones del móvil, encontré la gasolinera y un par de minutos después estaba entrando por la puerta, aliviado y empapado en sudor.

Y ahora, a varios cientos de kilómetros del océano, tengo la sensación de seguir peleándome contras las olas y las corrientes en medio del océano que se empeñan en alejarme de tierra firme. Veo la luz que nunca se apaga y nado con fuerza hacia ella con esa sensación de poder rozarla con las yemas de mis dedos en algunas ocasiones, pero también de estar cada vez más lejos de ella en otras.

Uso todas mis fuerzas en mantenerme con la cabeza fuera del agua para conseguir llenar mis pulmones de aire que me permita aguantar la siguiente serie de olas que me sumerjan irremediablemente en el oscuro océano de la vida con la esperanza de poder volver a sacar la cabeza de nuevo para inhalar el aire salvador que confío que el cielo me traiga.

Y en esa lucha me encuentro desde hace tanto tiempo que, a veces, no consigo diferenciar el aire del agua, el miedo de la ilusión y el dolor del placer.

Agarrado a dos maderos consigo sortear el ahogamiento mientras muros de agua se levantan a mi alrededor y me aferro con más fuerza a esos maderos, aún sabiendo que debo soltarlos y derribar esos muros que me separan de mi destino.

Pero no es fácil porque los maderos me dan seguridad, una seguridad que duele, que quema, que me consume pero que a la vez me mantiene vivo. Y subidos a esos maderos, luchan la ilusión contra el conformismo, lo espiritual contra lo material, los sueños contra la realidad, y yo, que quiero alcanzar mis sueños, no soy capaz de soltarme y zambullirme en las salvajes aguas en las que nos ha tocado vivir para atravesar esos muros que me paralizan.

Y quizás debería dejarme caer para hacer crecer mis propias alas y ser tan alto como el cielo.

Y quizás debería dejar que me ahogue para hacer crecer branquias y aletas y ser tan profundo como el mar.

Y quizás debería dejar que muera y que mi espíritu sea libre para que nada pueda desafiarme.

Porque esto no es el final, sino un nuevo comienzo.


Ring ring the bells
Wake the town
Everyone is sleeping
Shout at the crowd
Wake them up
This anger’s deeper than sleep

Got to keep awake to what is happening
I can’t see a thing through my ambition,
I no longer feel my God is watching over me
Got to tell the world we’ve all been dreaming
This is not the end, a new beginning
I no longer feel my God is watching over me

Break break the code
Concentrate
Let the doors swing open
See through all your walls
All your floors
Now you’re in deeper than sleep

Got to keep awake to what is happening
I can’t see a thing through my ambition,
I no longer feel my God is watching over me
Got to tell the world we’ve all been dreaming
This is not the end, a new beginning
I no longer feel my God is watching over me

When you let me fall
Grew my own wings
Now I’m as tall as the sky
When you let me drown
Grew gills and fins
Now I’m as deep as the sea
When you let me die
My spirit’s free
There’s nothing challenging me

Toca las campanas

Despierta a la ciudad

Todo el mundo duerme

Grita a la multitud

Despiértalos

Esta rabia es más profunda que el sueño

Tengo que estar atento a lo que está pasando.

No puedo ver nada a través de mi ambición.

Ya no siento que mi Dios me cuida.

Tengo que decirle al mundo que todos hemos estado soñando.

Este no es el final, es un nuevo comienzo.

Ya no siento que mi Dios me cuida.

Rompe el código

Concéntrate

Deja que las puertas se abran

Ve a través de todas tus paredes

Todos tus suelos

Ahora estás más profundo que el sueño

Tienes que mantenerte despierto a lo que está pasando

No puedo ver nada a través de mi ambición,

Ya no siento que mi Dios está velando por mí

Tengo que decirle al mundo que todos hemos estado soñando

Este no es el final, un nuevo comienzo

Ya no siento que mi Dios está velando por mí

Cuando me dejaste caer

Crecieron mis propias alas

Ahora soy tan alto como el cielo

Cuando me dejaste ahogar

Crecieron branquias y aletas

Ahora soy tan profundo como el mar

Cuando me dejaste morir

Mi espíritu es libre

No hay nada que me desafíe

3 comentarios en «Ring the bells. James»

  1. A mi me pasó algo parecido, sin móvil en un campo de Galapagar. ¿Sabes? Hubieses llegado q tu destino sin móvil, de alguna manera…con quizás algo más de tiempo e igual que llegarás a tu destino atravesando muros, nadando o volando…lo que crees lo creas

  2. Desde el ansiado retiro atemporal de una pequeña isla frente a la costa atlántica francesa, te leo y siento que tus palabras son uno de los maderos que sostienen la seguridad de mis hábitos y rutinas cotidianas y, a la vez, la promesa de que las miguitas llevadas por el viento, más que las que quedaron en el camino donde una vez las dejamos, serán las que nos guíen hacia nuestros verdaderos anhelos, esos que nunca nos propusimos ni apuntamos en ningún diario.
    ¡Un abrazo fuerte, y feliz semana a todos/as!

Los comentarios están cerrados.