¿Hola?
¿Hay alguien ahí?
Ave María Purísima.
Sin pecado concebida.
Vengo a confesar mis pecados.
No sé muy bien por dónde empezar, la verdad. Imagino que lo primero de todo es reconocerlo. No he conseguido avanzar ni un solo capítulo de todos los que te había prometido. Nada. Ni una sola palabra.
Puede que haya sido la pereza. Compañera de vida, tantos años caminando junto a mi. Es buena persona, aunque también es de las que les das la mano y te cogen el brazo. Hay que tener cuidado con ella. Y como pone en su prescripción médica: Puede ser muy beneficiosa en pequeñas dosis, pero puede producir dependencia.
Aunque bien pensado, creo que no ha tenido tanto que ver la pereza en este caso. Pobrecita.
Quizás tenga más que ver la desidia. Falta de cuidado, dejadez. Yo habito en las antípodas del perfeccionismo y cada vez que me acerco a sus fronteras me deportan de vuelta porque a mi pasaporte le falta el sello de la constancia, la única responsable de nuestros destinos.
Puede que haya algo de eso.
Pero, si realmente quiero el perdón, me temo que voy a tener que saltar al vacío.
Me asomo y no parece que esté tan alto. No puede estar alto si está vacío.
Permítame padre, cerrar los ojos, para ser capaz de reconocerlo sin que nadie me mire.
Y bajaré al infierno para sobrevivir.
La verdad, la única y dolorosa verdad, es que no sentía nada por ella. Lo intenté, juro que lo intenté, pero el amor no se intenta, se siente, se hace. He tratado de buscarle una solución, un camino, un aroma que seguir, pero el corazón no late en su presencia como un potro desbocado.
Conozco esa sensación y esta historia prometida había perdido la emoción de ser creada.
Así que, después de un largo y sentido abrazo de despedida, uno más en la pared llena de muescas de fracasos convertidos en escalones hacia otro lugar, nos hemos despedido.
Quizás nuestros caminos vuelvan a entrelazarse cuando nuestros corazones estén preparados para agarrarnos de nuevo de las manos y empezar a andar y a compartir todo lo que hayamos aprendido en nuestras andaduras.
No hay novela por el momento. No sale sola, no le da la gana, dice que si no se droga, dice que no siente nada.
El dolor y el alivio de la despedida han servido de cuerdas fijas para poder salir del vacío. Y al salir, lleno de rasguños y con los músculos doloridos, un precioso amanecer me estaba esperando y montado en una nube azul he podido repasar una trayectoria que empezó hace ya cinco inviernos.
Y no sé si por las descargas eléctricas sufridas al chocar con otras nubes de mayor tamaño y autoridad, por el miedo a las alturas, por el vaivén de corrientes de viento, o por haber cerrado bien los ojos para mirarme por dentro, he encontrado un tesoro.
El tesoro que llevaba tiempo buscando. El que me permite abrazar mi pasión por contar historias que emocionen, aunque sean las mías, con la necesidad nunca escondida de tratar de hacer de esto un trabajo, una forma de vivir, de ganarme la vida que creía perdida.
Y si alguna de todas esas historias compartidas en algún momento llegaron a emocionarte, probablemente fue porque también era la tuya.
Y por eso te he escrito hoy.
Apúntame otro pecado, anda.
El de la manipulación para traerte hasta aquí. ¡Los tengo todos!
Llevamos recorrido mucho camino juntos, cinco inviernos dan para muchas historias y estas, a su vez, para muchas dudas, miedos y preguntas que han sobrevolado mi cielo todo este tiempo como bandadas de pájaros aparentemente descontrolados que dibujaban formas vivas en el horizonte.
Vivas, cambiantes, fugaces, etéreas, imposibles de retener, gritándome con sombras de mil colores las respuestas a mis preguntas.
Y las fui entendiendo, colocando cada una de esas respuestas en una esquina para no perder el norte mientras caminaba hacia el sur siguiendo mi camino.
Esto es lo que he encontrado.
Esto soy yo.
Esto es lo que tengo que ofrecer.
Esto es lo que me hace único y desde ahí seguiré compartiendo mis historias.
Me encantaría verte allí.
www.mrzstorytelling.es
Y aunque, como bien sabes (o eso creo), la soberbia no es uno de mi amplia lista de pecados, puedo afirmar que es, profesionalmente, lo mejor que he escrito hasta ahora.
Ahora pido tu absolución mientras arrastro mi cadena condenado para sobrevivir,
Y bajaré al infierno
Y bajaré al infierno
Si tengo que morir
P.D. Ahora que estoy libre de pecado, y no quiero volver a mentir, te diré que he conocido a alguien. Una pequeña idea que llevaba tiempo revoloteando por mi cabeza se ha posado en una de mis ramas como si quisiera contarme algo.
O quizás solo esté vigilando una lombriz que asoma su cabeza después de una noche de lluvia.
Desde que te vi
Supe que cruzaría al otro lado para sobrevivir
Arrastro mi cadena condenado para estar junto a ti
Y bajaré al infierno, bajaré al infierno
Yo te seguiré
Sin miramientos descontrolados para sentir tu piel
Arrastro mi cadena condenado para sobrevivir
Y bajaré al infierno
Y bajaré al infierno si tengo que morir
Desde que te vi
Supe que cruzaría al otro lado aunque me cueste la vida
Sin miramientos descontrolados para sentir tu piel
Y cruzaré las leyes de la frontera
Y bajaré al infierno
Y bajaré al infierno
Y bajaré al infierno
Y bajaré al infierno si tengo que morir

Qué vuelta más buena! Un despliegue de búsqueda y sentimientos lleno de poesía. No busques novelas, lo tuyo es la vida. Yo te absuelvo y en adelante no dudes más de ti y tus capacidades
Impresionante. Precioso.
¡Ay que ilusión verte por aquí! ¡Te echaba de menos!
Sea esa idea o una maravillosa lombriz (que por cierto, son tan necesarias para airear la tierra y mantener el ecosistema, además de tener 5 corazones) brillará porque la magia está en ti.