Mon Amour. Aitana

Sí, has leído bien el título de la canción. Y la artista también. No, no me he vuelto loco ni me he dado un golpe en la cabeza. Al menos que yo recuerde.

Quizás llevas ya demasiado tiempo leyéndome y ya no te sorprendo, ni literaria ni musicalmente. Lo entiendo. Había que dar un giro, algo inesperado, algo que provocara una reacción en ti y, al terminar de leer hoy, pudieras decir:

Me ha sorprendido.

Otra vez.

Y en realidad no estoy alejándome tanto como pudiera parecer de mi objetivo inicial: contar mi vida a través de canciones.

Y, como deberías saber, no busco las canciones que más me gustan o las mejores de cada grupo, busco las que cuentan mi historia, las que la complementan y en ocasiones incluso las que la explican.

Esas son las canciones que te traigo, las que me aportan recuerdos, las que me hacen vivir momentos que no quiero olvidar, momentos que quedan anclados a melodías, a sonrisas, a bailes, a nervios, a primeras veces. Y esos son los momentos que te traigo con sus correspondientes emociones escondidas en pentagramas por descubrir.

Porque esas historias son lo único realmente mío, lo que me hace diferente, no digo raro, digo diferente, porque no soy tan raro como pienso, porque esas historias hacen eco dentro de ti.

Además, esas canciones y sus historias nos unen. Quizás alguna vez hayas escuchado una de mis canciones inesperadamente mientras ojeabas tu Instagram y apagabas el cerebro durante un rato, o quizás en el supermercado mientras te quejabas amargamente de lo caro que estaba todo, o quizás en la radio mientras ibas a trabajar un lunes sin la menor gana.

Y al hacerlo, quizás hayas pensado…

“Esta la puso hace poco Marcos.”

Y al hacerlo, hayas recordado una frase o una idea o una memoria compartida, y se haya dibujado una sonrisa en tu cara al mismo tiempo que el listo de turno se metía en tu carril de salida saltándose la línea continua y toda la fila y que te haya dado igual porque tu estabas a otra ya.

Conexiones fugaces, como las estrellas, energías compartidas, momentos huidizos, efímeros, pero momentos comunes.

Yo escribo para producirte esos momentos y me gusta pensar que lo consigo.

162 canciones.

12 horas y 19 minutos.

Sin contar la de hoy.

Una autobiografía sonora. Una vida contada con canciones. Unas canciones con mucha vida.

¿No te parece increíble?

De enero de 2021 a agosto de 2025.

Creo que me conoces bien. Demasiado bien, pero…¿me escuchas?

Pues hoy quería sorprenderte, y sé que, al menos la canción, te habrá sorprendido.

Pero todo tiene una historia y esta empezó hace más de un año cuando se anunció la gira de Aitana, que pasaría por el Bernabéu.

A pesar de la insistencia de África, llegué tarde y la única fecha de la gira en Madrid vendió todas sus entradas. He de reconocer que llegué tarde a propósito, demasiado dinero para un producto de la tele.

Me negué.

Pero África no se dio por vencida.

—Papá, mira en todas las páginas, hay que encontrar entradas.

—¿Has mirado hoy? Yo he visto que había.

—Sí, a 300 € por entrada, África, imposible.

Su ánimo no desfallecía, ella seguía preguntando.

Hasta el día que me enteré que había sacado una nueva fecha. Aunque lo intenté de nuevo, no hubo manera, la persecución fue implacable.

—¿Has sacado las entradas?

—¿Has sacado las entradas?

—¿Has sacado las entradas?

Hasta que las saqué.

Regalo de navidad. Emoción desbordada, alegría infinita…Por fin iba a ver a Aitana en concierto.

Concierto cancelado, ánimos por los suelos. Podemos devolver las entradas y que nos den el dinero o esperar a ver si sacan nueva fecha y nuevo lugar.

—Ni de coña devolvemos las entradas, Papá.

Asunto resuelto.

Esperamos.

Esperamos.

Esperamos.

Se programa el concierto para el 31 de julio, Estadio Metropolitano, el del Atleti, que me disculpen los atléticos, no sé qué nombre tiene ahora.

—Papá, quedan 21 días, 20, 19, 18, 17…

—Papá, no te has estudiado las canciones, mira te voy a poner esta que es del disco nuevo. ¿te gusta?

—Papá, no me haces ni caso.

—Papá, quedan 3 días.

—Esta la canta seguro.

—Déjame que ponga la lista yo y así vas escuchando las canciones. No te vas a saber ninguna.

No te puedes imaginar la presión que he soportado durante el último mes, menos mal que he estado un par de semanas trabajando fuera de casa, porque si no, estas palabras de hoy no serían las mismas.

—Papá, solo queda un día.

Y llegó el gran día. Jueves 31 de julio. La mañana pasa sin grandes inconvenientes. Piscina, juegos, amigos. Tras la comida, necesito una siesta reparadora, sé que va a ser una noche larga, intensa, inolvidable.

Cuando me levanto ella ya tiene su outfit definido. También puesto. Pantalones blancos y un top de crochet que le ha hecho su madre especialmente para la ocasión. Una sucesión de brillantes de varios colores salpican su cara, pero el mayor brillo nace en esos profundos ojos azules que inundan de luz nuestras vidas.

Y su sonrisa, un trozo de luna, una aurora boreal, un reflejo de colores de sus nervios y de su alegría, me recuerda, una vez más, lo afortunado que soy por poder disfrutar cada día de ella.

Y quiero gritarlo a los cuatro vientos.

Voy a salir a la calle, voy a ponerme a gritar
Voy a gritar que te quiero, que te quiero de verdad
Con esta sonrisa puesta
De verdad que no me cuesta pensar en ti cuando me acuesto

En el coche vamos repasando sus últimas canciones, igual que repasaba los últimos temas del examen cuando era un niño en el coche de mi padre antes de que me dejara a unas manzanas del colegio para ir andando.

Ella solo puede pensar en el concierto, en las canciones, en que por fin va a poder ver a su artista favorita.

Dios, ¡cómo disfruto viéndolo!

Sé exactamente por lo que está pasando, sé perfectamente qué está pensando, conozco con precisión meridiana, porque he pasado por ello cientos de veces, qué está sintiendo en esos momentos.

Compartimos esas sensaciones, quizás haya sido yo quién se las haya enseñado.

No me importan las canciones, no me importa el estilo, no me importa que me digan que es música de radio fórmula, me da igual que sea un producto discográfico, no me interesan los debates de los expertos musicólogos ni los talibanes del estilo y de las etiquetas.

A mi solo me importa la felicidad que proyecta su mirada. Eso es lo que nunca voy a olvidar del concierto de Aitana.

¿Estaré yo también en pleno proceso de Metamorfosis?

Hay otra cosa que me importa: encontrar sitio para aparcar rápido. Nos queda hora y media para que empiece y no quiero pasarme sesenta de esos minutos dando vueltas y viendo como el coche de delante me quita el sitio una y otra vez.

En el coche suena “Conexión psíquica” y al doblar la esquina diviso un coche aparcado que acaba de poner el intermitente para indicar que quiere salir. Nada puede estropearnos nuestra noche. Nada. No he tardado ni un minuto en aparcar y afrontamos el camino hacia el estadio con toda la tranquilidad del mundo. Tenemos tiempo de sobra.

La pobre no puede combatir los nervios y avanza inconscientemente a toda velocidad adelantando a todos los devotos y sobre todo devotas que dirigen sus pasos hacia su destino inmediato, un destino compartido, deseado y muy esperado.

Antes de entrar nos tropezamos con mi prima. No sabía que venía, también con su hija pequeña. Ellas, las dos pequeñas, no saben que han venido con los padres y madres más marchosos de todo el estadio.

¡Cómo me gustan esas sorpresas de la vida! Una nueva conexión, una nueva emoción, un instante que durará para siempre, una foto que muestra que ser padres no es solo educar, también es compartir, y no hay nada más íntimo y que acerque más que compartir nuestras emociones.

Mon Amour

El comienzo del concierto es frenético, miles de voces agudas acompañan los primeros versos de cada canción y la voz de la artista se pierde y se reparte entre las almas de cada persona que estamos allí. Yo tendré que esperar a cada estribillo para poder cantar algo. La mentoría individualizada que me ha exigido mi hija durante los últimos meses, ha dado su fruto y, conozco prácticamente cada canción que va cantando.

Y yo, que me hace falta poco para arrancarme a cantar, aunque me tenga que inventar las letras, lo doy todo en cada tema.

África ya se ha subido al asiento y canta y baila, y grita y disfruta, sobre todo disfruta cada segundo del concierto. No hay solo una superestrella en el recinto, hay miles, cada una con un brillo propio, viendo como se materializan sus sueños.

Y miro hacia arriba, y veo a mi superestrella, la que más brilla, la que casi alcanza la luna y recorre el cielo volando más alto que nadie, y agarro su mano y me lleva mecido por el firmamento, y la luna nos sonríe y las estrellas se inclinan a nuestro paso reconociendo ese brillo tan real.

Vuela, sin control, desatada, libre, feliz, y sigue volando sin pensar que está agotando el combustible. La última media hora de concierto la pasa sentada, las fuerzas le han abandonado, y ahora le toca disfrutar más calmadamente. Llevamos más de dos horas de concierto. Ya irá aprendiendo a conservar. Hoy ha volado muy alto y eso agota a cualquiera.

El concierto termina y África tiene esa mirada. También la conozco. Va repasando mentalmente todo lo que ha vivido, los meses de espera, los nervios previos, cada una de las canciones y alguna que otra payasada de su padre. Está en pleno proceso de grabación de esos recuerdos que nunca podrá olvidar mirando al futuro sabiendo que podrá acceder a su pasado con una simple combinación de notas.

Nos abrazamos, estrecho su cuerpecito entre mis brazos y puedo sentir su alegría. Lo ha conseguido, ha tenido que esperar, pero por fin ha visto a su artista preferida. Se siente plena, llena de notas, pasos de baile, estribillos y emociones que deberá ir colocando en su estantería de vivencias que cada vez está más llena a su vez.

Pura magia. Pura música.

Y yo no puedo dejar de mirarla mientras pienso:

Mon amor, je t´aime, contigo aprendí lo que es vivir, somos increíbles.

En el viaje de vuelta a casa ya no hay música, solo silencio, silencio compartido, silencio deseado, sus ojos se cierran lentamente, se entrega al cansancio, relaja todos sus músculos y ladea la cabeza para apoyarla en el respaldo o simplemente para que yo pueda ver la sonrisa de satisfacción que le ha quedado fija en su rostro.

Esa misma sonrisa se instala en el mío, y a mi mente acude ese último intenso abrazo y una voz dulce, que no sé bien de dónde viene, si de ella o de mí, me susurra al oído:

Me abrazaste y volé, te juro que volé.

Son las seis de la mañana y me da igual
Voy a salir a la calle, voy a ponerme a gritar
Voy a gritar que te quiero, que te quiero de verdad
Con esta sonrisa puesta
De verdad que no me cuesta pensar en ti cuando me acuesto
Pero, nena, no imagines el resto
Que si no, no queda bonito esto

Voy a ir directo a ti
Voy a mirarte a los ojos, no te voy a mentir
Y como dos niños chicos, te pediré salir
Esperando un sí, esperando un kiss

Y es que me encantas tanto
Si me miras mientras canto, se me pone cara tonto
Niña, tú me tienes loco
Y es que me gustas no sé cuánto
«Gogoko zaitut», como dirían los vascos
Si quieres te lo digo en portugués
Eu gosto de você

Escribo todo lo que no me atrevo a decirte
En una canción que sé que vas a escuchar
Sé que hay mucha gente que quiere desvestirte
Pero verte dormir es lo mejor que hay

Cuando te veo, mamá, como un Fórmula One
Paso de cero a cien, contigo implosioné
De ti me envenené, yo ya no sé qué hacer
Me abrazaste y volé, te juro que volé

Y es que me encantas tanto
Si me miras mientras canto, se me pone cara tonto
Niña, tú me tienes loco
Y es que me gustas no sé cuánto
Más que el olor a café cuando me levanto
Contigo no hace falta dinero en el banco
Contigo veo París desde todo lo alto

De la Torre Eiffel, que se está muy bien
Mon amour, je t’aime
Parece un cliché, pero no lo es
Contigo aprendí lo que es vivir
Pero ya lo ves, somos increíbles

Son las seis de la mañana y me da igual
Voy a salir a la calle, voy a ponerme a gritar
Voy a gritar que te quiero, que te quiero de verdad
Con esa sonrisa puesta
Voy a ir directo a ti
Voy a mirarte a los ojos, no te voy a mentir
Y como dos niños chicos, te pediré salir
Esperando un sí, esperando un kiss

Y es que me encantas tanto
Si me miras mientras canto, se me pone cara tonto
Niña, tú me tienes loco
Y es que me gustas no sé cuánto
Más que el olor a café cuando me levanto
Contigo no hace falta dinero en el banco
Contigo veo París desde todo lo alto

4 comentarios en «Mon Amour. Aitana»

  1. La música une corazones, almas y crea lazos fuertes. Tal y como la describes me la imagino a la perfección, bueno y a ti también. ¡Ay! Cuando se entere su prima…

  2. África se acordará de este concierto todos los días de su vida… Y tú también.
    Me hubiera gustado verla…

  3. Fantástica descripción de la ilusión de África. Y también de la tuya como padre cómplice. Das un ejemplo de solidaridad y coherencia con tus principios.

  4. Pues aquí nos has dejado un grano de arena más, un pedacito más de cuarzo, tan humilde en la oscuridad de la noche, pero que a la luz del sol de tus recuerdos y de tu experiencia de vida refulge con destellos de mil colores, los de las emociones y los sueños de cada uno/a de nosotros/as. Así, en estos días que son de playa para muchos/as, la cegadora alfombra ondulada que es a la vez orilla, promesa y remedo quieto, seco y ardiente de ese ansiado y reparador mar que no cesa nos evocará también el universo de tus historias de los últimos cuatro años.
    Por lo demás, enhorabuena por esa infinita sabiduría de padre que te ha llevado a convertir semejante truño de canción (lo siento, es así) en un aprendizaje y una experiencia para recordar toda la vida. Y es que lo que no hagamos por un/a hijo/a… 🥰
    ¡Abrazos, feliz verano!

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