Wasted years. Iron Maiden

Aquella noche, en la habitación de aquel pequeño hotel cercano a Victoria Station donde nos habíamos alojado y con los billetes de autobús con destino Leeds comprados para el día siguiente, cerré los ojos, exhausto por la incertidumbre y entusiasmado por la aventura que teníamos por delante.

Hoy los he abierto y han pasado 25 años.

Me he tenido que frotar bien los ojos, he mirado con cierta extrañeza a la mujer que dormía plácidamente junto a mi.

“Es preciosa”, he pensado.

Todavía a medio camino entre el mundo de los sueños y el real, he salido a tientas de esa habitación oscura. Las paredes eran diferentes a las del pequeño hotel.

Esas mismas paredes me han llevado hasta un diminuto distribuidor con dos puertas colocadas una junto a la otra formando un ángulo de 90 grados.

En una descansaban dos pequeñas niñas rubias bien acurrucadas bajos sus mantas y en la otra un pie sobresalía por el borde de la cama de abajo mientras que la de arriba colgaba un brazo. Un olor a adolescencia me ha golpeado al entrar en esta segunda habitación y de repente he sabido que ya no estaba en aquel hotel de Londres.

25 años han pasado.

Wasted Years

Aún recuerdo con cierto pavor nuestra primera casa en aquella ciudad del norte de Inglaterra. Las promesas del vendedor de la agencia inmobiliaria y la necesidad de conseguir un techo nos obligaron a meternos en aquel zulo.

“Serán solo diez días hasta que la casa que queréis esté disponible”.

Diez días nos parecían una eternidad, y ahora han pasado 25 años que han durado un suspiro.

¿Cómo ha podido suceder?

¿En qué momento?

Los primeros meses únicamente pensábamos en volver a casa por Navidades y el mes de octubre, el de noviembre y el de diciembre, con todas sus semanas y días era un plazo larguísimo que no queríamos enfrentar.

Era la misma sensación como cuando subes una montaña y no quieres mirar hacia arriba para no desesperarte ante la visión de lo que todavía te queda por delante.

Los días se hacían cada vez más cortos, y a las 16:30 el sol se despedía de nosotros y nos sumía en una tristeza y en una nostalgia que pesaba más que los días que pasaban lentamente siguiendo el ritmo de la fina lluvia de la isla.

Al salir hoy a la calle y notar la lluvia mojando mi cara, he vuelto a pensar que habían pasado 25 años y que ni esa lluvia ni mi cara ni mi alma, eran ya las mismas.

Hoy durante una video conferencia con un cliente que, ante una diferencia de pareceres, exponía vehemente sus razones, he recordado el momento en el que hace 25 años, el juez que llevaba los casos de abusos en los precios de los alquileres, preguntó con su fuerte acento de Yorkshire si alguno de los implicados quería añadir algo y yo, venciendo todos mis temores y mis vergüenzas, me levanté y realicé el speech de mi vida explicando porqué nos habíamos sentido maltratados en aquel país en el que el sol tenía vetada la entrada y cuando lo conseguía, era invitado gentilmente a abandonar el lugar poco antes de la hora del té.

Lo he recordado y le he convencido de mis razones.

El alquiler de ese mismo mes de febrero fue el último que pagamos hasta que abandonamos aquella casa en el mes de junio de hace 25 años cuando, de los tres que habíamos iniciado aquella aventura, uno decidió volver a Madrid y los otros dos decidimos ampliarla un poco más para vivir en la gran capital, la ciudad más cosmopolita de Europa, en aquel primer año del nuevo milenio.

Este verano, cuando vuelva a abrir los ojos de nuevo, habrán pasado 25 años desde que conquistamos Londres y Londres conquistó nuestros corazones y puso una marca indeleble en la historia de nuestra vida, la misma que había puesto la ciudad de Leeds.

Esas marcas están cinceladas en nuestros recuerdos que se convirtieron en los cimientos de una amistad que perdura hasta hoy.

Esas marcas anclan con un hilo invisible nuestras vidas y aunque pasemos meses sin saber los unos de los otros, los tres sabemos que una canción, un pensamiento o una necesidad pueden hacer vibrar esos hilos que inmediatamente resuenan en los otros dos extremos generando una respuesta igual de rápida que la velocidad de la luz, igual de rápida que el paso de estos 25 años.

Y lo mejor de todo es que probablemente si, en una de esas noches en las que nuestras consciencias volaban lejos y juntas empujadas por la exaltación de la amistad (y por alguna cosa más sin lugar a dudas), nos hubiéramos preguntado qué iba a ser de nosotros en 25 años, cada uno de nosotros hubiera descrito la vida que llevamos a día de hoy.

Allí comenzamos a andar un camino que hemos andado, vivido, pisado, recorrido, sobrevolado, arrastrado y construido con las herramientas que entre los tres acumulamos en aquel viaje de hace 25 años.

Por alguna razón que en aquel momento no conseguía comprender, quise quedarme el último. Necesitaba quedarme solo, mirar hacia atrás y repasar todo lo que habíamos aprendido aquel año.

En realidad, me quedaba una marca que apuntalar en la roca de recuerdos y en la última semana cincel en mano, me dediqué a colocar esa marca de un solo hilo con dos extremos, que me sigue acompañando también a día de hoy como las estrellas del cielo mientras un Romeo con el corazón roto canta una serenata en las calles.

Exactamente el 4 de octubre de 1999 cogíamos el vuelo a Londres, donde permanecimos un par de noches y pusimos rumbo al norte.

Hoy miércoles estaríamos ya viendo algunas casas y haciendo cálculos para ver cuánto podríamos aguantar con lo que llevábamos ahorrado.

La primera semana, visitando el mercadillo de segunda mano de la ciudad, me di dos únicos caprichos. Uno era el libro de Los Pilares de la Tierra en inglés que me acompañó en las oscuras tardes inglesas y el otro fueron un par de zapatillas de correr con las que corrí y recorrí toda la isla.

Y como no quiero desperdiciar mi tiempo buscando esos años perdidos, sino que quiero levantarme y darme cuenta de que estoy viviendo mis años dorados, este viernes esas zapatillas viajaran en mi mochila cuando tome la salida del Gran Trail de Peñalara, carrera en la que participo por tercera vez.  

Es curioso cómo se ha ralentizado el paso del tiempo esta semana y el viernes no llega nunca. Y es que además de curioso, el tiempo es muy relativo….(creo que no soy el primero en decir eso).

Sé que sus 104 km van a pasar también en un abrir y cerrar de ojos (¿Qué son 20 horas?) y, que a su vez, las horas se me harán eternas.

Junto a esas zapatillas de mercadillo llevaré también en la mochila mis marcas que harán vibrar todos los hilos de mis recuerdos cuando más lo necesite, que los necesitaré.

Llevaré el peso de una desazón, que se ha instalado muy dentro de la familia y que nos quiere aplastar, para intentar aligerar la carga que pesa sobre nuestros hombros y para intentar subirlo a la montaña más cercana al cielo de Madrid y tirarlo por el risco más alto que vea para que no pueda seguirnos nunca.

Y no perderé el tiempo buscando los años pasados, para darme cuenta que estoy viviendo los años dorados, y sé que no podré aliviar el dolor tan fácilmente y sé que no podré encontrar las palabras y entonces, querré llorar y alzar mis manos hacia el cielo.

Y después continuaré mi camino porque sobre todo llevaré la fuerza infinita que me da la preciosa mujer que despierta cada día junto a mi, y las niñas que duermen acurrucadas bajos sus mantas y los niños que duermen con sus pies y brazos fuera de ellas.

Wased years!
One, two, three-

From the coast of gold, across the seven seas
Travelin’ on, far and wide
But now it seems I’m just a stranger to myself
And all the things I sometimes do, it isn’t me but someone else

I close my eyes and I think of home
Another city goes by in the night
Ain’t it funny how it is? You never miss it til’ it’s gone away
And my heart is lying there, will be ‘til my dying day, Adrian!

So understand
Don’t waste your time always searching for those wasted years
Face up, make your stand
Realize you’re living in the golden years

Too much time on my hands, I got you on my mind
Can’t ease this pain so easily
When you can’t find the words to say, hard to make it through another day
And it makes me wanna cry, throw my hands up to the sky

So understand
Don’t waste your time always searching for those wasted years
Face up, make your stand
Realize you’re living in the golden years, hey!

So understand, Adrian!
Don’t waste your time always searching for those wasted years
Face up, make your stand
Realize you’re living in the golden years

So understand
Don’t waste your time always searching for those wasted years
Face up, make your stand
Realize you’re living in the golden years, hey!

Desde la costa de oro, a través de los siete mares
Viajando a lo largo y ancho
Pero ahora parece que sólo soy un extraño para mí mismo
Y todas las cosas que a veces hago, no soy yo, sino otra persona.
Cierro los ojos y pienso en casa
Otra ciudad pasa en la noche
¿No es gracioso cómo es? Nunca la echas de menos hasta que se va
Y mi corazón yace allí, ¡lo hará hasta el día de mi muerte, Adrian!
Así que entiéndelo.
No pierdas el tiempo buscando siempre esos años perdidos.
Da la cara, haz tu postura
Date cuenta de que estás viviendo en los años dorados.
Demasiado tiempo en mis manos, te tengo en mi mente.
No puedo aliviar este dolor tan fácilmente
Cuando no puedes encontrar las palabras para decir, difícil de hacer a través de otro día
Y me hace querer llorar, lanzar mis manos al cielo
Así que entiende
No pierdas tu tiempo siempre buscando esos años perdidos
Enfréntate, hazte valer
Date cuenta de que estás viviendo los años dorados, ¡eh!
¡Entiende, Adrian!
No pierdas tu tiempo siempre buscando esos años perdidos.
Da la cara, hazte valer
Date cuenta de que estás viviendo en los años dorados.
Así que entiende.
No pierdas el tiempo buscando siempre esos años perdidos.
Da la cara, hazte valer
Date cuenta de que estás viviendo en los años dorados, ¡eh!

1 comentario en «Wasted years. Iron Maiden»

  1. Como casi siempre, no me dejas indiferente (casi siempre porque soy bastante dura de pelar, no porque no seas capaz de salvar capas y capas de cebolla). Aunque tu experiencia en las tierras del norte me haya llevado brevemente a la mía, lo que me ha traspasado las capas han sido, como podrás imaginar, esa mención a los cinco tesoros que tienes en casa. Cómo siempre que te leo y casi nunca te digo ¡Gracias!🧡

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