Believe. K´s Choice

Toda la vida escuchando hablar de ello, toda la vida persiguiendo ese instante, años envidiando a todos los que llegaban a ese punto y por fin puedo decir que ha llegado mi momento:

Estoy dando el estirón.

Menos cachondeo por favor que escucho las risas desde aquí.

Ya sé que soy del género hobbit, mi estatura y mis pies me delatan.

Vale, mi afición por la hierba de la comarca también, aunque hace tiempo que conseguí dejarla atrás, hasta que el viejo Gandalf aparece inesperadamente entre fuegos artificiales iluminando el cielo para compartir esos buenos humos que salen del fondo del corazón.

No nos desviemos del tema de hoy que es muy serio, por favor.

Believe

Estoy dando el estirón. Creo que eso ha quedado claro.

Lo sé, lo siento, lo noto. No sé cómo explicártelo. O quizás sí, que para eso llevo tres años practicando cada miércoles.

Hace poco te dije que me había subido a un bote en un río con mandarinos y con cielos de mermelada para empezar una nueva aventura.

Los mandarinos han ido transformándose, unas veces eran grandes zarzas con pinchos afilados, otras, bellos rosales repletos de espinas que mudaban sus hojas para convertirse en grandes sauces llorones cuyas ramas caídas me servían de cobijo y de escondite como cuando era un niño.

Los cielos a su vez han ido mudando su color como un camaleón que se adapta a su entorno con la intención de pasar desapercibido y seguir viviendo con un ojo mirando hacia detrás y otro hacia delante.

Esa variación de colores que, a veces pintaba estampas que me hacían detenerme para disfrutar del espectáculo y otras pintaba oscuros amaneceres tan negros que solo quería refugiarme bajo el sauce llorón que con sus brazos acunaba mi alma, no eran más que los primeros síntomas de mi propio crecimiento.

No sé cómo es dar el estirón cuando eres adolescente, pero ahora te puedo contar lo que supone darlo cuando has superado los 50.

Y los 51.

Crecer duele.

Te cambia la voz, ahora repleta de experiencia, suena más real.

Aunque sigues creyendo que lo sabes todo, los fracasos que se acumulan bajo tus pies que no dejan de crecer, te recuerdan que no sabes nada.

Tus hormonas, las pocas que te quedan, se revolucionan. Al quedar pocas y tener bastante experiencia en revoluciones, el efecto es mucho mayor.

El miedo choca estrepitosamente contra la esperanza que sale rebotada en todas direcciones llevándose por delante a la ilusión mientras la necesidad grita con todas sus fuerzas en medio de la pista que es su fiesta y que llora si quiere.

El valor, que había sido acorralado por los cuatro matones de la responsabilidad perfectamente reconocibles por sus chupas de cuero con pinchos, ve claramente como se acerca la rebotada ilusión en movimientos incontrolados para chocar contra sus captores y permitirle, en un rápido movimiento, escapar de su vigilancia y plantarse en medio de la pista con una bola gigante de discoteca sobre su cabeza reflectando miles de pequeñas lucecitas que quieren cegar a todo el que se atreva a mirar, mientras agita la cadera y mueve su brazo extendido con el dedo índice apuntando hacia delante de un lado a otro para gritar:

“Sigo vivo”

No sé si serán las luces, el baile tipo Travolta o que de verdad ha empezado mi estirón, pero me he hecho con el centro de la pista y de aquí no me saca ni dios.

Mi traje blanco está lleno de borrones de tinta y manchurrones, pero luce distinto, deslumbra, ilumina.

La chica de mis sueños, ataviada con un vestido de charleston con miles de flecos que acaban justo bajo sus rodillas, donde empiezan mis anhelos, baila enfrente mío con movimientos que solo yo puedo vislumbrar y me mira a los ojos para indicarme que ese es el camino, el único camino que debo seguir.

Esos ojos están cargados de amor y de sabiduría, pero también de inseguridades y miedos que desaparecen en cuanto, sin saber bien cómo, la vida nos pone de nuevo a bailar juntos mientras un piano y una guitarra se besan acariciando un tema de amor.

El resto de los sentimientos se apartan para dejar espacio a los dos enamorados que se funden en un baile infinito flotando por encima de la pista con la suavidad de la nieve recién caída.

Nuestras manos se entrelazan con la fuerza de las raíces que se clavan en lo profundo del tiempo para saber que nunca se separarán y que los que vienen después podrán apoyarse para construir desde allí lo que ellos mismos quieran anhelar.

Yo, que soy cojo de la aurícula izquierda donde se guardan las emociones, y ella que es toda aurícula derecha, donde crecen las ilusiones, hemos bailado siempre al ritmo que hemos sentido en cada momento.

Ahora queremos convertir nuestro baile en un espejo que refleje nuestras almas para crear una luz que venza al tiempo, y para ello necesitamos la ayuda de los ángeles que viven entre nosotros.

¿No los has visto?

Solo hay que saber mirar. Se esconden bien, no son fáciles de reconocer y hay que poner ojos de encontrar. Pueden estar disimulados en una petición para alegrar la navidad de un anciano, en una lista de Spotify o en un podcast que llega cuando tiene que llegar, en el momento preciso, con la chispa adecuada.

También puede encontrarse en un abrazo, en una constelación, en una fotografía que te regala un instante eterno para ti solo, en una enfermedad y siempre siempre, en un te quiero.

Y cuando todos esos ángeles te toman de la mano y decides creer, es cuando empiezas a crecer.

Lo sé, lo siento, lo noto. Estoy dando el estirón.

El sábado pasado, mientras miraba a mi hijo subido a un escenario tocar con su grupo, tocándonos a todos los presentes las fibras de nuestros corazones unidos por melodías que cada uno escuchaba a su manera, empecé a darme cuenta.

Un ángel vestido con una camiseta de Led Zeppelin les vigilaba y guiaba desde cerca mientras mi hijo me susurraba al oído que las luces me guiarán a casa, encenderán mis huesos y que tratará de arreglarme.

¿Puedes sentirlo tú también? Espero que sí, que también estés creciendo. Nada me gustaría más.

Y cuando, al acabar el concierto, su hermano mayor se acercó para, con los ojos colapsados de admiración, darle un abrazo rebosante de amor, fue entonces cuando pude sentirlo de verdad. Estaba dando el estirón porque algo mío estaba creciendo entre los corazones unidos de ese abrazo.

Y sentir que estaba entre esos cuatro brazos fue lo que me convenció de que

Creo en mi

Que mañana no fui nada y que ayer seré

Que mientras estés frente a mi

Miraré los dedos de nuestras manos

Y estaré agradecido de ser yo

Y seguiré aguantando una y otra vez y otra vez

Bravely I look further than I see
Knowing things I know I cannot be, not now
I’m so aware of where I am, but I don’t know where that is
And there’s something right in front of me and I

Touch the fingers of my hand
And I wonder if it’s me
Holding on and on to Theories of prosperity
Someone who can promise me
I believe in me

Tomorrow I was nothing, yesterday I’ll be
Time has fooled me into thinking it’s a part of me
Nothing in this room but empty space
No me, no world, no mind, no face

Touch the fingers of my hand and tell me if it’s me
Holding on and on to Love, what else is real
A religion that appeals to me, oh
I believe in me

Can you turn me off for just a second, please
Turn me into something faceless, weightless, mindless, homeless
Vacuum state of peace

On and on and on and on and on and on and on and on
I believe in me
On and on and on and on and on and on and on and on
I believe in me

Wait for me, I’m nothing on my own
I’m willing to go on, but not alone, not now
I’m so aware of everything, but nothing seems for real and
As long as you’re in front of me then I’ll

I watch the fingers of our hands
And I’m grateful that it’s me
Holding on and on and on and on and on and on and on and on and on and on
I believe in me

I’m willing to go on but not alone, not now
I’m so aware of everything

Con valentía miro más allá de lo que veo

Conociendo cosas que sé que no puedo ser, no ahora

Soy tan consciente de dónde estoy, pero no sé dónde es eso

Y hay algo justo delante de mi y yo

Toco los dedos de mi mano

Y me pregunto si soy yo

Aferrándome y aferrándome a Teorías de prosperidad

Alguien que pueda prometerme

Creo en mi

Mañana no fui nada, ayer seré

El tiempo me ha engañado haciéndome creer que es parte de mí

Nada en esta habitación excepto espacio vacío

Ni yo, ni mundo, ni mente, ni cara

Toca los dedos de mi mano y dime si soy yo

Aferrándome y aferrándome al Amor, qué otra cosa es real

Una religión que me atrae, oh

Creo en mí

Puedes apagarme por un segundo, por favor

Conviérteme en algo sin rostro, sin peso, sin mente, sin hogar

Estado vacío de paz

Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez

Creo en mí

Una y otra vez

Creo en mí

Espérame, yo solo no soy nada

Estoy dispuesto a seguir, pero no solo, no ahora

Soy tan consciente de todo, pero nada parece real y

Mientras estés frente a mí entonces yo

Miro los dedos de nuestras manos

Y agradezco que sea yo

Aguantando y aguantando y aguantando y aguantando y aguantando y aguantando y aguantando y aguantando y aguantando y aguantando

Creo en mi

Estoy dispuesto a seguir, pero no solo, no ahora

Soy tan consciente de todo

3 comentarios en «Believe. K´s Choice»

  1. ¡Yo también quiero dar el estirón! Gracias por esta dosis de vitamina…últimamente las defensas están colapsadas y se están colando virus que quieren atacar.

  2. Bravo Marcos!! Es precioso. Seguro que estiraras hasta donde quieras y no te rindas nunca

  3. Que bonito!!!!
    Enhorabuena,,,todo es un apéndice de lo que creáis…esos niños han tenido la suerte de tener papis como vosotros qué habéis puesto amor,pasión y perseverancia…
    Estarán agradecidos por siempre!!!
    Gracias,
    Un abrazo!!!💜❤️

Los comentarios están cerrados.