Abrazado a la tristeza. Extrechinato y tú.

“A mí con esta canción me gustaría herir tus sentimientos, porque, de qué sirve un filósofo que no hiere los sentimientos de nadie.”

Eso recitaba Robe cuando presentaba su canción Nana Cruel en una noche de luna triste en la arena del Teatro Romano de Mérida.

La luna sigue triste y llora lágrimas de escombros y lodo.

No, no me he convertido en filósofo, y mi idea de convertirme en escritor sigue siendo un sueño que se alimenta de la luna y se esconde con el sol.

Pero sí, hoy quiero herir tus sentimientos.

El sábado salí a la calle abrazado a la tristeza. Vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena. Hace años que perdí el contacto con el mundo el día que perdí el mando de la televisión.

Fue una decisión meditada, en realidad no se perdió.

Quise poner una barrera a toda la suciedad que la sociedad quería pegar a mi alma y a la de mi familia.

No iba a permitirlo.

No quería que mis hijos crecieran mirando directamente a la muerte a los ojos mientras comían unas lentejas. No quería que rebañaran un yogurt mientras veían manadas atacando a mujeres o a personas con almas podridas abusando de niños.

No quería.

Tampoco quería que se colaran en casa los tanques, los drones, las alarmas, los gritos de dolor, edificios agujereados y vidas incrustadas de metralla. Las mismas que, siendo un niño, se colaban hasta el salón de mi casa. Mismos pañuelos, mismas miradas vacías, mismos gritos de dolor.

Soy un avestruz que escondo la cabeza bajo tierra para no enterarme de nada y me avergüenzo. Lo reconozco, quizás lo que yo pensaba que era una barrera, una protección, una medida profiláctica, no era más que mi miedo disfrazado de cobarde.

El sábado saqué por unos instantes la cabeza de mi agujero y la sangre, la que han arrancado a miles de niños, me explotó en el corazón que latía al ritmo de cacerolas y cucharas de madera.

El corazón palpitaba y las lágrimas se arremolinaban alrededor de los ojos como queriendo mojar mi alma seca, agrietada, cansada de estar escondida bajo tierra, y rota, sobre todo rota, en un racimo de pedazos, en una explosión de vergüenza y cólera.

Y no pude seguir mirando hacia otro lado y empecé a mirarme hacia dentro. Y ahí los vi, niños muertos de hambre, niños muertos, de hambre, perdidos, solos, mientras el resto del mundo les roba su futuro “escroleando” sus imágenes para detenerse en las promesas de personas que aseguran que nos van a llenar los bolsillos de…

¿De qué?

¿De qué quieres tener los bolsillos llenos cuando miles de personas tienen los estómagos vacíos? ¿De qué quieres llenar tu casa cuando a algunos les han volado las paredes de las suyas?

Y la cifra de niños muertos sigue creciendo. Unos envueltos en un pañuelo palestino, otros alumbrados tenuemente con un candelabro de siete brazos caídos que llora lágrimas de vergüenza.

Todos niños.

Las bombas están oscureciendo lo que debería estar por venir. No son niños los que mueren, son el futuro descubridor de la cura del Alzheimer que solo soñaba con no olvidar nunca el rostro de su padre desaparecido. Muere una niña que, inspirada por quien también fue asesinado hace años a la puerta de su casa, apuntaba en su libreta, calcinada ahora por el fuego, la letra de la canción que decía que había llegado el momento de dejar de imaginar para empezar a construir.

Y en medio de tanta destrucción, una paloma aplastada por los escombros, incapaz de alzar el vuelo, aún sujeta una rama de olivo en su pico.

Todo eso veía con la cabeza fuera del agujero. Todo eso veía mientras el sonido metálico de las cacerolas retumbaba en mi interior y el grito ensordecedor del silencio de la plaza derribaba todas las barreras para darme un mensaje:

No mires para otro lado, grita conmigo, que nuestro chillido ahuyente las llamas del infierno, que este clamor se una al de tanta gente en tantos sitios para que no queden más agujeros en los que esconderse, que seamos capaces de exigir una oportunidad para la paz.

Es todo lo que estamos diciendo.

Da una oportunidad a la paz.

Están muriendo niños, joder, niños.

Familias separadas, gente desaparecida, ilusiones aplastadas, y la sed de venganza que se ha convertido en el único alimento que les queda a los niños que juegan entre escombros y cristales rotos porque ya no tienen a su padre, y las madres les preparan sopas con mondas de patatas calentadas en un hornillo improvisado con lo que era una rejilla de un horno de una cocina que se quebró en dos mitades en el último bombardeo.

La justicia está arrestada por orden de la avaricia;
el dinero que te salva es el mismo que asesina.

Y entre tanta miseria, entre tanto odio, entre tanto sinsentido, entre tanta sangre retransmitida en directo, una historia toma la palabra.

La historia de Noah, una madre Palestina que hace bien poco trabajaba como psicóloga ayudando a quien más lo necesitaba, resiste como puede con sus tres hijos con la esperanza de encontrar a su marido, desaparecido.

Desaparecido, no muerto. Hay esperanza, tiene que haberla.

Y verás sin duda el resurgir poderoso del guerrero
sin miedo a leyes ni a nostalgias
y lo verás caer una y mil veces y levantarse de nuevo,
con la pura bandera de su raza.

La historia la cuenta Isabel emocionada. Con la voz firme y el corazón deshecho. Todos los que estamos escuchando agarramos de la mano a Noah. Se están escribiendo y hablan de vez en cuando. Ayer sus hijos se conocieron por video llamada. Se enseñaron a decir algunas palabras.

Y la historia viene a través de las pantallas que tanto critico y, mientras cuenta su historia, adolescentes que únicamente quieren hacerse un selfie para subir a sus redes, expanden el mensaje sin quererlo, de forma involuntaria, de pantalla en pantalla, de like en like, de corazón en corazón.

Y se expande. Más allá. Más lejos. Más indignación.

Y eso es lo que quiero conseguir hoy. Llenar un arma de flores, de palabras, de presencia, de canciones y de un grito claro:

¡¡Paremos esto!!

No me des más esperanzas: sé que todo son mentiras;
sacos llenos de agujeros para guardar alegrías.

No soy el escritor con varios premios y ventas millonarias que imaginé cuando empecé a compartirme contigo. No tengo millones, ni miles, ni siquiera llego a los dos cientos de lectores cada semana.

Un grano en el desierto, dos quizás, que serán levantados por el viento para volar mecidos por las corrientes invisibles calientes y ascendentes, y que por esas cosas que tiene el destino, acaben incrustados en el ojo de los responsables de todo esto y consigamos arrancarles lágrimas de vergüenza que no acaben nunca.

Los llantos desconsolados que estrangulan las gargantas;
los ancianos encorvados: parece que la tierra les llama.

Ella es Noah y esta es su historia

Hi dear friends,

My name is Noha. I’m 33 years old, a mother of three beautiful sons, and I’m writing to you from Gaza.

Before the war, I worked as a psychologist. I loved helping people, listening to their pain, and offering comfort. But now, everything has changed.

The war destroyed everything — our homes, our dreams, our memories, our joy. 💔

We lost our house, our savings, and our sense of safety. And worst of all, my husband is missing.

Now, I carry everything alone. I am responsible for my sons — for food, for water, for everything.

There is no work, no income, no help. I am exhausted, but I keep going for my children.

Please, if you can, help me continue. Your support means food for my sons, water for our survival, and a small light in this endless darkness.

From my heart to yours — thank you. 💔🙏

— Noha, Gaza

Hola, queridos amigos:

Me llamo Noha. Tengo 33 años, soy madre de tres hijos maravillosos y os escribo desde Gaza.

Antes de la guerra, trabajaba como psicóloga. Me encantaba ayudar a la gente, escuchar su dolor y ofrecerles consuelo. Pero ahora todo ha cambiado.

La guerra lo ha destruido todo: nuestros hogares, nuestros sueños, nuestros recuerdos, nuestra alegría. 💔

Perdimos nuestra casa, nuestros ahorros y nuestra sensación de seguridad. Y lo peor de todo es que mi marido está desaparecido.

Ahora lo llevo todo yo sola. Soy responsable de mis hijos: de la comida, del agua, de todo.

No hay trabajo, ni ingresos, ni ayuda. Estoy agotada, pero sigo adelante por mis hijos.

Por favor, si pueden, ayúdenme a seguir adelante. Su apoyo significa comida para mis hijos, agua para nuestra supervivencia y una pequeña luz en esta oscuridad sin fin.

De mi corazón al suyo: gracias. 💔🙏

— Noha, Gaza

Ha creado una web por si quieres hacer una donación o si quieres compartirla o lo que sea que quieras hacer con esta información.

Conozco los peligros de la red, pero desconozco los peligros de ser bombardeado mientras preparas la cena con la leña que has sacado de la madera de lo que queda de una cama, así que yo elijo confiar, no me queda otra opción, confiar es lo único que nos han dejado.

Y verás sin duda el resurgir poderoso del guerrero
sin miedo a leyes ni a nostalgias
y lo verás caer una y mil veces y levantarse de nuevo,
con la pura bandera de su raza.

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Me da pena que se admire el valor en la batalla;
menos mal que con los rifles no se matan las palabras.

Puedes compartir este grito cargado de rabia, vergüenza, pena y esperanza, puedes unirte con tu propio grito, puedes ayudar a Noah o simplemente puedes golpear tu cacerola, pero lo que no podemos hacer más, es seguir escondidos.

He salido a la calle abrazado a la tristeza:
vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena.
Soledad que te pegas a mi alma
en la dulce soledad de este campo de otoño.
No hay momentos de sosiego.
Rebeldía pura de amores sin amores.
Ilusiones puras y puros conformismos
intentando levantar el espíritu nostálgico
de querer estar contigo y nunca estarlo.

Los llantos desconsolados que estrangulan las gargantas;
los ancianos encorvados: parece que la tierra les llama.

Volverás de vez en cuando a estas tierras agrietadas
y verás de nuevo a quien te ama borracho;
borracho de amores y libertades.
Y también de vinos por olvidarte. Borracho…

Me da pena que se admire el valor en la batalla;
menos mal que con los rifles no se matan las palabras.

Y si surgen saludos y palabras
tal vez notes la dureza de mi estilo
queriendo no herirte en nada,
y en mi soledad sólo herirme yo mismo.

La justicia está arrestada por orden de la avaricia;
el dinero que te salva es el mismo que te asesina.

Y verás sin duda el resurgir poderoso del guerrero
sin miedo a leyes ni a nostalgias
y lo verás caer una y mil veces y levantarse de nuevo,
con la pura bandera de su raza.

Soledad de amores triste y pura,
soledad de amores y locura.

No me des más esperanzas: sé que todo son mentiras;
sacos llenos de agujeros para guardar alegrías.

Y verás sin duda el resurgir poderoso del guerrero
sin miedo a leyes ni a nostalgias
y lo verás caer una y mil veces y levantarse de nuevo,
con la pura bandera de su raza.

Me da pena que se admire el valor en la batalla;
menos mal que con los rifles no se matan las palabras.

Soledad de amores triste y pura,
soledad de amores y locura.

I went out into the street embracing sadness:
I saw what no one else sees and felt ashamed and sad.
Loneliness clings to my soul
in the sweet solitude of this autumn field.
There are no moments of peace.
Pure rebellion of loveless love.
Pure illusions and pure conformity
trying to lift the nostalgic spirit
of wanting to be with you and never being so.

The inconsolable cries that strangle throats;
the bent-over elderly: it seems that the earth is calling them.

You will return from time to time to these cracked lands
and you will see again those who love you drunk;
drunk with love and freedom.
And also with wine to forget you. Drunk…

It saddens me that courage in battle is admired;
thank goodness that words cannot be killed with rifles.

And if greetings and words arise,
you may notice the harshness of my style,
wanting not to hurt you in any way,
and in my loneliness only hurting myself.

Justice is arrested by order of greed;
the money that saves you is the same that kills you.

And you will undoubtedly see the powerful resurgence of the warrior
without fear of laws or nostalgia
and you will see him fall a thousand times and rise again,
with the pure flag of his race.

Loneliness of love, sad and pure,
loneliness of love and madness.

Do not give me more hope: I know it is all lies;
sacks full of holes to store joys.

And you will undoubtedly see the powerful resurgence of the warrior
without fear of laws or nostalgia,
and you will see him fall a thousand times and rise again,
with the pure flag of his race.

It saddens me that courage in battle is admired;
thankfully, words cannot be killed with rifles.

The lonely solitude of love, sad and pure,
the lonely solitude of love and madness.

3 comentarios en «Abrazado a la tristeza. Extrechinato y tú.»

  1. Es terrible el daño que unos seres humanos pueden hacer a sus semejantes, y desgarrador descubrir que cualquier atisbo de justicia universal es una mera utopía.
    Pero, como dices, sería imperdonable que como individuos no hiciéramos nada. Que cada cual aporte lo que tenga o lo que sepa, lo que le dicte la cabeza o el corazón: su trabajo, su dinero, su opinión, su grito, su llanto, su voz, su denuncia, su pataleo, su voto.
    Que nadie mañana nos pueda reprochar que no hicimos nada cuando podíamos, pero, sobre todo, que no nos lo podamos reprochar nosotros mismos. Porque un ser humano que no puede mirarse al espejo es un muerto viviente…
    «Quien salva a un hombre, salva a la humanidad entera»
    Descansen en paz aquellos/as a los que se la robaron en vida.

  2. Hola Marcos, me has hecho llorar de nuevo. Gracias, muchas gracias y muchos besos. Palomac

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