Lo rocé, por un segundo me vi allí arriba. In Heaven. Otra vez.
Hace un mes y medio recibí un mensaje por whatsapp. Un amigo (uno de los buenos, de los del verano del 94) me ofrecía entradas para el festival Músicos en la naturaleza en Hoyos del Espino.
Él no podía ir.
—Te regalo una y te vendo la otra.
Joder, una propuesta que no podía rechazar.
Bryan Adams, Texas y Los Zigarros.
Mi hermana mayor me confirma pocos minutos después que se viene conmigo.
—¡Adjudicadas!, — guárdamelas.
Ya tengo las entradas. Tardaré un poco más en pagarlas.
Durante la mañana del día previo al evento, los whatsapps se cruzan a ritmo vertiginoso de un teléfono a otro, de hermano en hermano. Parece que los mayores se apuntan también. Una vez más. No soy capaz de recordar cuántos, pero me acuerdo de cada uno de ellos.
Perfecto, a las 17:00 pasamos a buscaros y salimos todos en un coche.
De maravilla.
Viajecito en coche, charlas animadas, risas que se desvanecen por los conductos de ventilación para darse la vuelta por el circuito y volver a provocar una carcajada continua que absorbe kilómetros y minutos.
Beeep.beeep
Otro whatsapp. Lo abro, lo leo.
No se te olvide la pancarta.
No tengo que pensar el mensaje. Hace años que lo tengo pensado. Si consigo que lo lea, estoy arriba. Otra vez.
¿Amore? ¿Me haces el cartel?
31 years ago we sang ´69
Shall we sing again?

Unas horas más tarde, ella y mi hermana, que ya ha llegado a casa, se afanan en plastificar con celo el cartel para darle la fortaleza necesaria para aguantar una noche con muchos saltos.
Ahí tengo mi boleto, my ticket to ride, mi oportunidad. Miro el cartel con ilusión, ¿te imaginas?
Algo dentro asomó por dónde no debía. La primera vez no llevaba boleto y salí ganador del concurso.
Y salí por la puerta grande de Las Ventas.
A hombros.
¡Por la puerta grande!
Como Morante.
Eso ya lo conseguí yo hace muchos años. 31 concretamente.
¿Habría una segunda noche mágica?
Llegamos al pueblo, nos indican el aparcamiento. Todo muy bien preparado.
Nos ponen las pulseras y nos situamos en la cola que avanza con paso firme. Abajo, en la parte más baja del valle, está dispuesto el escenario. Enfrente, una gran pradera con una ligera subida que asegura un anfiteatro perfecto, natural, verde.
Antes de eso, pasamos un cordón de Guardia Civil que parece que ha venido algún ministro a ver el concierto. Al final, uno con un perro que me mira mal. Yo le gruño, ahora ya sabe quién manda.
Tras el primer artista de la tarde, decidimos adentrarnos en una zona no demasiado abarrotada y bastante cerca del escenario. La cuesta arriba ejerce perfectamente su misión y, aunque tengo a un par de bigardos delante, puedo ver perfectamente como sale.
Ella.
Mi voz femenina favorita. El acento escocés más sexy que jamás hayan escuchado mis oídos. La graaaaaaaaannnn, ¡¡¡¡Sharleen Spiteri!!!
Exactamente igual que hace 31 años, cuando unos jóvenes de Glasgow acababan de publicar su tercer disco, y para mi el mejor o al menos el que yo más he disfrutado. Se llamaba Ricks Road y acompañaban a Bryan Adams en su gira de Waking up the neighbours.
Voy con los deberes hechos. Me sé perfectamente las canciones, todas, de los dos grupos. Pueden cantar lo que quieran que me la voy a saber y la voy a cantar con ellos. Todavía no me imagino lo cerca que vamos a cantar.
Hasta que me veo encima del escenario y con el micro en la mano.
Y llega 2025 y la vida me pone delante la mejor oportunidad de volver a triunfar. Los tendidos se han transformado en árboles y en la montaña todavía se reflejan grandes neveros que aguantan el calor escondiéndose bajo frías rocas.
—Hacía tiempo que no teníamos nieve, —nos comentan unas fieles seguidoras del festival.
—Esa de ahí, —me dicen señalando a una de ellas, —esa ha estado en todas.
La gente, viejos rockeros decididos a recuperar durante unas horas recuerdos y sensaciones pasadas. Volver a sentir esa energía de la primera vez.
Para no encontrarla, porque esa energía se ha transformado, ya no es la misma, no se puede recuperar. Aunque sigue ahí.
Tampoco es la misma energía la de Sharleen, un poco más mayor, cuidando un poco más de su voz, recordando la primera vez que tocó aquí. Como en todos y cada uno de los conciertos a los que he ido, me saluda. Al menos eso creo yo, aunque mi hermano me aseguraba que ese saludo iba para él.
Bueno, si así se queda más contento, para él. Aunque todo el mundo pudo ver claramente que era para mi.
Primeros calores. Suspicious Minds.
Me doy la vuelta y veo a mi hermano abrazado a alguien. Este Pichi, siempre haciendo amigos. Al fijarme mejor, veo que es alguien también de hace más de treinta años.
Y de repente, nos volvemos a encontrar, en un concierto, ¡¡en su pueblo!!, como no cesa de repetir. ¡Qué largo y sentido abrazo! ¡Cómo me alegro de verle!,
así,
allí.
El primer reencuentro de la noche. Este, no buscado. Sin boleto. Apareció, entre 10.000 personas. Cuántas noches compartidas, cuantas horas de trabajo juntos, cuantas horas de viajes, de esquí, de conciertos, de copas. Y nos volvemos a encontrar, así, allí.
¿Habrá un segundo reencuentro esa noche?
Ya llega, el destino se dirige hacia mi desbocadamente, sin control. Incluso el sol se resiste a marcharse deseando ver en todo lo alto lo que tiene que pasar. Las nubes también han detenido su marcha hacia tierras menos fértiles para no perderse ni un segundo.
MI hermana toma la acción y empieza a levantar el cartel en cuanto al canadiense asoma por el escenario. No hay otro puto cartel en toda la zona delantera.
No tengo competencia. NO HAY COMPETENCIA
En las primeras canciones ya me lo está diciendo:
Necesito a alguien, alguien como tú.
Voy a correr hacia ti y sentir que tengo 18 hasta que me muera.
Y quiero correr.
Y corro….
Detrás de una rubia.
La rubia que tengo delante, se ha dado la vuelta, ha leído el cartel, lo agarra y como si fuera el mismísimo Messi, comienza a gambetear a todos los que tiene delante hasta llegar prácticamente a primera fila.
Empieza a formarse cierto tumulto, veo cabezas que se dan la vuelta y fijan su mirada en el cartel para inmediatamente abrir paso para que el mensaje llegue a su destino.
Otra rubia, esta más joven y con más arrojo, recoge el testigo de la primera y empieza a intentar abrirse paso con el cartel en lo alto. La cámara del concierto apunta en un par de ocasiones al cartel.
Si lo lee, voy a tener que subir.
No estoy preparado.
Creo que como salga me voy a caer.
Vamos tronco, pero, ¿Qué dices? Lo tienes ahí. Has llegado a primera fila prácticamente. Aguanta.
Vas a hacerlo de nuevo.
El cartel en todo lo alto. Casi lo estoy tocando. He llegado al cielo.
Pensando en nuestros años de juventud
Cuando éramos solo tu y yo.
Y éramos jóvenes y salvajes y libres.
La canción logra relajar a la actual portadora del cartel y lo baja para bailar abrazada con su pareja. No es tan difícil verlo, están en el cielo.
En cuanto acaba la balada, el cartel vuelve arriba.
No sé si es una nota demasiado alta que estoy intentando alcanzar o que por primera vez veo la posibilidad real de que suceda, el caso es que las pelotas me aparecen, literal bro, en la garganta.
Joder, no estoy preparado para subir. No sé si quiero subir. En realidad, me veo subiendo, tropezándome, sin voz y con las mismas pintas de hace 31 años, pantalón corto, zapatillas de deporte y una camiseta. No quiero.
Necesito que la rubia baje el cartel. No quiero salir, me da miedo, vergüenza, no quiero que me miren, solo quiero ver a Bryan tocando summer of 69. Nada más.
Por fin alcanzo a las dos rubias y las pido amablemente que me devuelvan el cartel, no sin antes darles las gracias por el intento.
Pero no me atrevía. Hubiera necesitado a mis amigos, a los mismos con quienes compartí la primera vez. Solo ellos me hubieran hecho rebuscar esa energía necesaria para saltar al escenario, quizás no hubiera tenido que buscarla porque me la hubieran dado sin lugar a dudas. Quizás con ellos allí, hubiera podido reconocer esa energía que hace 31 años me llevó a salir aclamado por la puerta grande de las Ventas.
O quizás sea solo una excusa, una justificación
o la prueba más evidente de cómo cambian tus energías con el paso de 31 años.
Treinta y un veranos del 69.
Hombre, estábamos matando el tiempo.
Éramos jóvenes e inquietos.
Necesitábamos relajarnos.
Supongo que nada dura para siempre.
Para siempre.
No.
¿Y sabes cuando una canción parece que acaba y realmente está volviendo con la nota que la hace diferente que te toca y te eleva?
No llegué a subirme, no se cumplió el deseo, no le dejé hacerlo. Él quería más que yo. Y entre discusiones sobre quien quería más que el otro, uno pequeñito, uno que siempre está, volvió a colarse de nuevo tras un escenario, donde siempre acaba convirtiéndose en realidad.
El que nos une a mis hermanos y a mi.
El que hace que nuestros sueños se cumplan.
En los buenos tiempos y en los malos.
Sí, estaré ahí por ti.
Oh, thinking about our younger years
There was only you and me
We were young and wild and free
Now nothing can take you away from me
We’ve been down that road before
But that’s over now
You keep me coming back for more
Baby, you’re all that I want
When you’re lying here in my arms
I’m finding it hard to believe
We’re in heaven
And love is all that I need
And I found it there in your heart
It isn’t too hard to see
We’re in heaven
Oh, once in your life you find someone
Who will turn your world around
Bring you up when you’re feeling down
Yeah, nothing could change what you mean to me
Oh, there’s lots that I could say
But just hold me now
‘Cause our love will light the way
And baby you’re all that I want
When you’re lying here in my arms
I’m finding it hard to believe
We’re in heaven
Yeah, love is all that I need
And I found it there in your heart
It isn’t too hard to see
We’re in heaven
Yeah
I’ve been waiting for so long
For something to arrive
For love to come along
Now our dreams are coming true
Through the good times and the bad
Yeah, I’ll be standing there by you, oh
And baby you’re all that I want
When you’re lying here in my arms
I’m finding it hard to believe
We’re in heaven
And love is all that I need
And I found it there in your heart
It isn’t too hard to see
We’re in heaven, heaven, woah
You’re all that I want
You’re all that I need
Oh, pensando en nuestros años de juventud
Sólo estábamos tú y yo
Éramos jóvenes y salvajes y libres
Ahora nada puede alejarte de mí
Hemos pasado por ese camino antes
Pero eso ya pasó
Tú me haces volver por más
Nena, eres todo lo que quiero
Cuando yaces aquí en mis brazos
Me cuesta creer
Estamos en el cielo
Y el amor es todo lo que necesito
Y lo encontré en tu corazón
No es tan difícil de ver
Estamos en el cielo
Oh, una vez en tu vida encuentras a alguien
Que cambiará tu mundo
Te levantará cuando te sientas mal
Sí, nada podría cambiar lo que significas para mí
Oh, hay muchas cosas que podría decir
Pero abrázame ahora
Porque nuestro amor iluminará el camino
Y nena eres todo lo que quiero
Cuando yaces aquí en mis brazos
Me cuesta creer
Estamos en el cielo
Si, amor es todo lo que necesito
Y lo encontré en tu corazón
No es tan difícil de ver
Estamos en el cielo
Yeah
Llevo esperando tanto tiempo
Para que algo llegue
Que llegara el amor
Ahora nuestros sueños se hacen realidad
En las buenas y en las malas
Sí, estaré a tu lado, oh
Y nena eres todo lo que quiero
Cuando yaces aquí en mis brazos
Me cuesta creer
Estamos en el cielo
Y el amor es todo lo que necesito
Y lo encontré en tu corazón
No es tan difícil de ver
Estamos en el cielo, cielo, woah
Eres todo lo que quiero
Eres todo lo que necesito

El sueño de la vida, el sueño del querer, el sueño de seguir soñando.
Ah!!, que dulces recuerdos… Hace 31 años, cuando yacía en sus brazos y era todo lo que necesitaba…
Que guays ….cada momento es único e irrepetible,está vez con tu familia….🙏🥰
He leído por ahí un post de Bryan Adams diciendo algo de un cartel en su concierto de Gredos, un tipo que le resultaba familiar, parece que le iba a decir que subiera pero sentía que ya no tenía voz para cantar con el tipo aquél….