La última vez que subí a Monte Perdido ya tenia a mi hijo mayor. Paula se había ido a Argentina con el niño a visitar a su prima con la que tiene entrelazadas las raíces del alma que acababa de tener también a su primera hija.
El niño se hizo dos viajes al otro hemisferio en menos de un año y con menos de un año, quizás por eso tiene una mente que le permite ver las cosas desde una perspectiva que siempre me sorprende.
El caso es que, teniendo en cuenta que era verano en el hemisferio norte, y que iba a estar quince días sin obligaciones parentales, organicé unas vacaciones al único sitio en el mundo que podía hacer que me “olvidara” de mis dos grandes amores del momento.
La compañía era inmejorable y si has leído todos los capítulos de la lista podrás intuir quiénes éramos los miembros de aquella expedición. Como no soy rencoroso y sé que hay algunos que acaban de empezar con la lista, te los enumero rápidamente: Víctor, Darío, mi primo Ignacio, mi hermana Blanca y Julián, su marido.
Os contaré únicamente el tramo final de la ascensión, la escupidera.

Con nieve es un tramo bastante peligroso porque acaba en un cortado de varios cientos de metros de altura y si por cualquier motivo en la ascensión sufres un resbalón y no consigues frenar, la montaña, literalmente, te va a escupir y de esa ya no sales.
En verano no tiene ningún peligro porque es una gran pedrera que te exige fuerza y paciencia a partes iguales.
¿Paciencia? Mucha paciencia. Déjame que te explique:
La sensación que tienes es que cada tres pasos que das, desciendes dos. Hay tantos millones de piedrecitas que por mucho que quieras posar tus pies con fuerza en ellas para conseguir ascender, estas se alían contra ti y en un movimiento maquiavélico se organizan entre ellas para hacer que tu pie resbale de nuevo hacia abajo.
Así que, inevitablemente, cada tres pasos que das, desciendes dos.
Es un maltrato psicológico por parte de la montaña que va minando tus fuerzas y tu paciencia. Esos pequeños resbalones acaban por convertirse en una especie de risa malvada de la montaña que disfruta con tu sufrimiento y se asegura de que tengas que dejar todo lo que llevas dentro si realmente quieres conquistarla.
Cada paso que das, cada metro que asciendes, suponen un esfuerzo palpable y real. Tus músculos lo notan, la piel de tus pies lo notan con el rozamiento que cada paso produce con tus botas. Paras a recuperar el aliento y como no tengas bien fijados los pies a algún saliente de roca fija, al terminar de beber, has vuelto a un lugar inferior.
A pesar de la maldad de la montaña, cada resbalón, cada respiración, cada paso hacia delante, cada malvada risa de la montaña, se ven recompensadas cuando consigues llegar a la cima. Cada lugar en el que fijas la mirada desde allí arriba parece saludarte y lanzarte vítores y aplausos.
¡Te lo has ganado! Puedes mirarnos y disfrutarnos, parecen decirte los picos, los valles y los increíbles circos glaciares. Da igual que hayan sido muchos los que lo hayan logrado, por unos instantes esa cima es tuya, solo tuya y se queda grabada en tu alma para siempre.
Higher Ground
Ahora mismo estoy en la escupidera. Veo la cima y aunque sigo avanzando tengo esa misma sensación que cada tres pasos que doy desciendo dos.
Voy ganando altitud, voy ascendiendo con mucho esfuerzo, pero esta (puta) montaña se empeña en no ponérmelo fácil. Ella y yo sabemos que voy a llegar, los dos lo tenemos claro, pero a ella le gusta jugar conmigo y cuando creo que voy a llegar a un saliente seguro para poder beber para calmar mi sed y para recuperar el aliento, ella me pone debajo una trampa de piedrecitas que me llevan de nuevo hacia abajo.
Ya me lo hizo una vez al comienzo de la ascensión y por un momento, mientras escuchaba su infame carcajada, por mi cabeza pasó el helador graznido del pájaro de mal agüero que sobrevolaba mi cabeza amplificando la cruel risa de la montaña.
Me repuse, un montón de canciones que tengo bien guardadas en mi mochila me acompañaron y acallaron esos horribles gritos del fracaso.
Sigue adelante Marcos, sigue adelante.
Esta semana ha vuelto a suceder. Cuando pensaba que estaba a punto de conseguir alcanzar un saliente en el que afianzar mis pies, la montaña se ha vuelto a burlar de mí y me ha hecho descender de nuevo unos cuantos metros hacia abajo y hacia adentro.
En mi semana favorita del año, ha querido jugar de nuevo conmigo. Los golpes de la primera caída fueron más fuertes pero esta vez no va a conseguir hacerme ni un rasguño. Me niego, no lo voy a permitir.
Sí, me ha hecho retroceder, casi me hace perder el equilibrio y caer de cabeza por esa escupidera, pero las dos columnas que tengo por piernas y la estrella que guía mi vida, lo han evitado.
¿Sabes qué, jodida montaña de los cojones?
Me dan igual tus trampas, tus risas, tus asquerosos pajarracos, tus millones de pequeñas piedras que quieren hacerme perder la estabilidad y la sensatez.
Me dan igual, ¿lo oyes bien?
¿Puedes escuchar lo que estoy diciendo esta vez?
ME DAN IGUAL
No voy a escuchar a los que me gritan desde arriba (e incluso desde abajo) que no lo voy a conseguir, que hay muchos subiendo, que me aparte.

No lo voy hacer, no me voy a apartar. Voy a llegar arriba, aunque mi piel se llene de sangre y mis pies se llenen de ampollas. Voy a llegar arriba con mi mochila llena de canciones y voy a gritar bien alto que yo también lo he conseguido.
Me da igual que no haya nadie en la cima para verlo, me da igual que la noche quiera enmascarar mi conquista. No lo van a conseguir.
Voy a gritar tan alto que hasta a las aves que surquen el cielo no les va a quedar más remedio que imitar mi mensaje y lanzárselo a los que estén subiendo en ese momento.
Sigue adelante, SIGUE ADELANTE, sigue adelante.
Esa montaña está dentro de mí y ella y yo lo sabemos, así que no hay nada en este mundo que pueda hacer que no llegue arriba.
Y, si cuando esté a punto de llegar, me quiere volver a gastar una de esas bromas que han protagonizado toda mi vida desde que llegué a los pies de esta montaña y me tiene preparado un nuevo resbalón que me hagan volver a descender por toda la escupidera, me agarraré con los dientes, si hace falta, a la pendiente.
Y, si al volver a ponerme en pie, tengo que abandonar la cuerda de seguridad que me queda porque ya no puedo soportar su peso, la soltaré sin ninguna duda si eso me hace volver al camino lleno de trampas una y otra vez, porque estoy seguro que alguien querrá escuchar la colección de canciones que tengo para compartir, y porque estoy seguro que alguien necesitará escuchar mis historias que se convertirán en el saliente que precisen para colocar sus pies y seguir hacia arriba.
Mañana es mi cumpleaños, han pasado dos años desde que comencé el camino desde la pradera de Ordesa, uno desde que pasé las clavijas que ponen rumbo al refugio de Goriz, algunos meses desde que dejé la red de seguridad con la que comencé la ascensión y comencé a andar o a volar solo, tres meses desde que pedí ayuda a una guía profesional para que me indicara el camino.

No he dejado de cantar en ningún momento y no pienso dejar de hacerlo.
No he dejado de disfrutar del camino y tampoco pienso dejar de hacerlo.
Voy a llegar y el resto de montañas y su eco van a llevar mi mensaje que va a retumbar por los valles de tal manera que por mucho que algunos quieran taparse los oídos, esos sonidos se van a colar entre sus dedos, como el agua que corre por los valles dejando la marca que cambie sus cerebros.
Eso es lo que voy a hacer porque no quiero seguir aquí viendo el mundo pasar.
La canción de hoy no puede ser más mía. Un grupo del que ya os hablé, un bálsamo para mi loca cabeza que me ha acompañado desde mi adolescencia y que ha ido explicándome la vida cada vez que sonaba, aunque en ocasiones no fuera capaz de entender lo que tenía guardado para mí.
Mark Rankin, el cantante representaba todo lo que yo quería ser con dieciséis años, carisma, una voz inconfundible, ese pelo largo que siempre quise lucir, esa rebeldía suavizada con una dulzura que plasmaba de manera perfecta cada uno de mis sentimientos adolescentes.
Siempre quise ser como él y un montón de años después vuelve para decirme que siga hacia adelante, que él va a estar conmigo como lo ha estado siempre. Su voz, y otra voz dulce en los coros que también me ha susurrado lecciones de amor y de vida al oído desde que me enamoré de ella, vuelven como las olas a la orilla, para decirme que siga en este camino, que ya nunca voy a perder esto que he encontrado y que estoy de camino a un terreno más elevado.
She comes running, don’t blame yourself
Don’t hurt yourself don’t say it’s true
This city rains down on you rains down on you
I don’t care about money, I’ll just pray for time
There’s no easy way
So if you feel like taking on the world
That’s alright
We’ve got the night on our side
We can walk that line
I’m on my way to higher ground
Lies they build you up then bring you down
Some people just love and run
Your time has come
Can you hear what I’m saying for this time around
I’ve made up my mind
And if your dreams come crashing to the ground
Hide your pain
Just start all over again
On the other side
I’m on my way to higher ground
Lies they build you up then bring you down
Don’t let it get you down
So as this world lies waiting let there be no sorrow tonight
I’m on my way to higher ground
(We can walk that line)
(We can pray for time)
Lies they build you up then bring you down
(We can walk that line)
(So let’s pray for time)
I can’t ever lose this thing I’ve found
(We can walk that line)
(I’ve made up my mind)
I’m on my way to higher ground
(Higher ground)
Higher ground
Higher ground
The time has come to turn it round
They can’t touch you now
The time has come to turn it round
They can’t touch you now
Higher ground
The time has come to turn it round
Higher ground
They can’t touch you now
Ella viene corriendo, no te culpes
No te lastimes no digas que es verdad
Esta ciudad llueve sobre ti
No me importa el dinero, solo pediré tiempo
No hay un camino fácil
Así que si tienes ganas de conquistar el mundo
Está bien,tenemos la noche de nuestro lado
Podemos caminar por esa línea
Estoy de camino a un terreno más alto
Las mentiras te construyen y luego te derriban
Algunas personas simplemente aman y corren
Tu tiempo ha llegado
¿Puedes escuchar lo que estoy diciendo esta vez?
He tomado una decisión
Y si tus sueños se derrumban,
Oculta tu dolor
Solo comienza de nuevo
En el otro lado,
estoy en camino a lo más alto
Las mentiras te edifican y luego te derriban.
No dejes que eso te deprima.
Entonces, mientras este mundo espera, que no haya tristeza esta noche,
estoy en camino a un terreno más alto
(Podemos caminar por esa línea)
(Podemos orar por tiempo)
Mentiras que te construyen y luego te derriban
(Podemos caminar por esa línea)
(Así que pidamos tiempo)
Nunca voy a perder esto que encontré
(Podemos caminar por esa línea)
(Ya he tomado una decisión)
Estoy de camino a un terreno más alto
(Un terreno más alto)
Terreno más alto
Terreno más alto
Ha llegado el momento de darle la vuelta
No pueden tocarte ahora
Ha llegado el momento de darle la vuelta
No pueden tocarte ahora
Terreno más alto
Ha llegado el momento de darle la vuelta
Terreno más alto
No pueden tocarte ahora

Monte Perdido y su escupidera como metáfora de la vida, cada vez escribes mejor Marcos, son duda tienes fuerza para llegar a la cima. Muchos besos!!
Estás en camino a lo más alto. Como diría una amiga: ¿Qué más es posible?
Te acompaño en ese camino a la cima☺️
A por elloooooooo!!! No estás solo
Creemos que avanzamos, que ascendemos, pero viajamos al centro de nosotros mismos. Mientras intentamos seguir a los que nos preceden, abrimos el camino a los que vienen detrás. Cada desesperante paso atrás nos acerca tanto o más a la cima que cada alentador paso adelante.
Cuando amamos el camino, es imposible que no lleguemos a la meta, porque es ella la que viene a nuestro encuentro.
Enhorabuena por hacerlo, una vez más. Gracias. FELICIDADES.