The skin of my country yellow teeth. Clap your hands and say yeah!

Lleva tiempo golpeando a mi puerta. Yo subo el volumen de la música y hago como que no escucho nada, pero siento los golpes latiendo dentro.

Me empeño en ocupar mi tiempo con actividades que me hacen olvidar que sigue ahí afuera, intentando entrar, pero sé que por mucho empeño que le ponga, ya no se va a ir.

El muy cabrón.

Salgo a correr, más de dos horas, por mitad del monte para perderme entre sus senderos y sentirme un poco más vivo, pensando que a la vuelta se habrá ido, y parece que, por un momento, he conseguido darle esquinazo, probablemente en la bajada cuando he saltado por encima de las piedras y me he tenido que equilibrar en un viejo pino para no caer. Al salir de la ducha y mirarme al espejo limpiando el vaho que ha producido la ducha caliente, vuelvo a verle.

Toc-toc-toc.

Otra vez esos golpes en mi corazón.

Es cabezota.

—Ya sé que me vas a ganar, le digo yo.

—Pero vas a sudar para hacerlo.

Él me mira y me ofrece su mejor sonrisa desdentada. Los ojos se le llenan de arrugas, pero debajo de ellas, sé que sigue esa persona que tanto ha hecho reír a los demás. Cada una de las líneas, cada una de las arrugas, cada uno de los pliegues cuenta una historia que acaba en carcajadas.

Y cada vez que golpea la puerta, puedo escuchar su característica risa entrecortada que tantas veces he escuchado.

¡Dios! ¡Qué bien me cae este cabronazo!

Pero todavía no quiero dejarle entrar. Nada, olvídalo, no por ahora, ni hablar.

Y así llevamos ya un tiempo de tiras y aflojas.

Esta semana me he vuelto a apuntar a mi carrera. De nuevo me voy a enfrentar a 104 km, un montón de montañas, una noche corriendo por ellas y cerca de 20 horas de soledad buscada y deseada.

Mis piernas, mis pulmones, mi cabeza, mi música y yo.

The skin of my country yellow teeth.

Este golpe le ha dolido. Lo sé.

Ha entrecerrado sus ojos y me ha mirado directamente a los míos. Sabía que de alguna manera me iba a devolver este golpe.

Aunque hacía tiempo ya que venía avisándome, no pensé que pudiera ser tan rencoroso y esta vez no han sido los desniveles de las cuestas que enfrento en cada entrenamiento las que me han dejado sin respiración, esta vez ha sido un golpe seco al estómago que, a pesar de tener la guardia armada, ha entrado directo.

Se nota que tiene experiencia en este tipo de golpes porque ha hecho mella.

Me ha quitado la sonrisa.

No, no vayas a pensar que estoy deprimido o que vuelvo a perder la pelea contras las dudas movedizas. En esa pelea sigo y sé que voy a salir.

No tiene nada que ver.

Me ha quitado la sonrisa, literal.

Pero literal, bro.

Se me ha caído un diente y me da vergüenza decirlo y me da miedo sonreír.

¡¡A mí!!

¡Que no puedo evitarlo!

Puto viejo cabrón. Llevabas tiempo tramando este golpe, pero, ¿me lo tienes que dar justo la semana que tengo una reunión con un nuevo cliente?

Llevo dos meses esperando esta reunión y voy a llegar pareciendo un yonky.

Sí, se me ha caído. Llevaba ya un tiempo ligeramente suelto y el domingo, mientras cambiaba las sábanas de la cama de la pequeña, mi lengua notó que algo andaba suelto por mi boca. Cuando me quise dar cuenta era el diente que, cansado de tanto movimiento de adelante a atrás, decidió que ya había prestado sus servicios y que merecía un descanso junto con su buen amigo Perez, el animal con más dientes del mundo.

Mientras bajaba de la litera por las estrechas escaleras de madera pude verle claramente por la ventana. Se estaba partiendo de risa. Otra vez esa risa sonora entrecortada tan característica suya.

Tuve que mirar al suelo un segundo para no tropezarme con el último escalón y, al volver a mirar hacia la ventana, lo único que pude ver fue mi reflejo.

—Ahora sí que me parezco al viejo desdentado, pensé.

Al llegar al salón hice un gesto disimulado a Paula para que se acercara.

Si quieres que nuestra hija mayor no se entere de algo, lo mejor es que lo anuncies lo más alto posible y con todos los gestos que se te ocurran, porque como intuya un minúsculo indicio de discreción, estás perdido.

Todavía aturdido por el golpe del viejo y mirándome al espejo del baño llegó mi mujer para soltar una sonora carcajada que me descolocó.

—Déjame entrar que me meo, corre, quita, quita.

—Jajajajajajaja

—¡Quita que se me sale!

Me soltó en toda mi cara ante mi estupor. Yo, que necesitaba consuelo, abrigo, comprensión, solo recibí chanzas, mofas y un cargamento de risas incontrolables.

Y es que, nadie me conoce como mi mujer, que sacudió mi desconsuelo con dos sopapos cargados de risas que se me pegaron indeleblemente.

Pero claro, cuanto más me reía yo, más se reía ella…de mí.

Sí, de mí, pero se reía, que es lo importante.

Gestos disimulados y risas incontrolables fueron demasiadas pistas para la curiosidad de África que ya estaba plantada en la puerta del baño mientras sus padres se partían de risa.

—Pero, ¿Qué os pasa?

Y así, sin paños calientes, le regalé lo mejor de mi nueva sonrisa.

El grito y la cara de terror fueron atenuados por las risas de su madre que aún seguía en el váter sabiendo que si se levantaba algo le iba a caer en los pantalones de la risa que le estaba dando.

Ya éramos tres con ataque de risa por el diente perdido.

El siguiente paso era comunicar a los hermanos el fallecimiento de mi sonrisa.

Al entrar en su habitación estaban jugando un partido de FIFA en la Play. Acababan de recibir un gol y se escuchaba a Unai comentar:

—Es de coña el gol que nos han metido.

Quizás hubiera perdido la sonrisa, pero las ganas de hacer reír las mantenía intactas.

—Lo que es de coña es lo que me ha pasado a mi.

Y acto seguido, les presenté a su nuevo padre sonriente.

Unai, el más expresivo de los dos, soltó un grito de terror desgarrador.

—¡¡Joder, papá, qué susto me has metido!!

—¿Qué te ha pasado?

El interés por la salud de su padre le duró media milésima de segundo y dio paso de nuevo a una risa incontrolable que se extendió por todos los miembros de la familia.

El viejo miraba otra vez por la ventana, pero esta vez su expresión había cambiado, ahora era de felicidad. Se había dado cuenta de que mientras esas risas fueran la reacción al paso del tiempo, mientras esta familia se riera de sus desgracias y el dolor lo convirtieran con esa facilidad en alegría, mientras fuéramos capaces de tomarnos nuestra propia decadencia como señales de haber vivido, con aceptación de lo que somos y poniendo la risa por delante de todo, él no podría entrar.

Y eso le alegró el corazón, y siguió caminando apoyado en su bastón regalando su risa entrecortada tan característica a todo el que se cruzaba con él.

Y algunos dicen que le han visto caminando por el pueblo, con la misma cara de felicidad y que, cuando te paras a hablar con él, siempre pregunta:

¿Cómo puedo evitar que me mueva?

Ahora necesito un cambio de escenario.

Solo escúchame, no fingiré comprender el movimiento del viento,

O las olas en el océano, o cómo, como las horas, cambio suavemente,

Lentamente,

Claramente,

Y ciegamente.

Once
The dogs have quit their barking
«Son»
My neighbor said to me
«Know the emptiness of talking blue
The same old sheep»

Run
I’ll do no more this walking
Haunted by a past I just can’t see
Anymore
Anymore

But let me tell you I have never planned
To let go of the hand that has been
Clinging by it’s thick country skin
To my yellow country teeth
To my yellow country teeth

Far
Far away from West Virginia
I
Will try on New York City
Explaining that the sky holds the

Wind, the sun rushes in
And a child with a shotgun can shoot down
Honeybees that sting

But this boy could use a little sting
Alright

Who
Will get me to a party?
Who
Do I have yet to meet?
You
You look a bit like coffee
And you taste a bit like me

How Can I keep me from moving?
Now
I need a change of scenery
Just listen to me I won’t pretend to
Understand the movement of the wind
Or the waves out in the ocean or how
Like the hours I change softly slowly
Plainly blindly oh me oh my

Una vez

Los perros han dejado de ladrar

«Hijo»

Mi vecino me dijo

«Conoce el vacío de hablar azul

La misma oveja de siempre»

Corre

No caminaré más

Atormentado por un pasado que no puedo ver

Nunca más

Nunca más

Pero déjame decirte que nunca he planeado

Dejar ir la mano que ha sido

Aferrada por su gruesa piel de campo

A mis dientes amarillos de campo

A mis dientes amarillos de campo

Lejos

Lejos de Virginia Occidental

Lo intentaré en Nueva York

Explicando que el cielo sostiene el

Viento, el sol se precipita

Y un niño con una escopeta puede derribar

Abejas que pican

Pero a este niño le vendría bien un poco de aguijón

Muy bien

¿Quién me llevará a una fiesta?

¿A quién todavía tengo que conocer?

A tí

Te pareces un poco al café

Y sabes un poco como yo

¿Cómo puedo evitar que me mueva?

Ahora necesito un cambio de escenario

Sólo escúchame No voy a pretender

Entender el movimiento del viento

O las olas en el océano o cómo

Como las horas, cambian lentamente

Claramente ciegamente oh yo oh mi

4 comentarios en «The skin of my country yellow teeth. Clap your hands and say yeah!»

  1. Por favor ¡¡ qué risa me ha entrado a mí también!!! Queremos foto! Ahora te pones los pelos de krusty y ya lo flipo

  2. Menudo ataque de risa me ha dado a mí también, ¡¡Tendrías que haber puesto la foto!!

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