Hymn of the Big Wheel. Massive Attack

Al contrario que en otras ocasiones, esta vez tengo un tema claro y una canción elegida, de esas que son capaces de transportarme a otros tiempos.

La canción ya la sabes. No hay que ser un lince, basta con haber leído el título.

Recuerdo bastante nebulosamente, ¿existe esa palabra?, la primera vez que escuché esa canción en directo. Imagina por un segundo una cara de sorpresa colocada con una mueca de estupefacción mezclada con admiración y un revoltijo de asombro, quizás pasmo.

Esa era exactamente mi expresión mientras el grupo interpretaba la canción que te traigo hoy.

Más que una canción es un himno.

No hace falta más que leer el título. ¿Lo has leído ya?

A pesar de tener claro lo que te quiero contar en los próximos cinco o diez minutos y de tener la canción adecuada, no puedo dejar de mirar el reloj de la parte derecha inferior de la pantalla del ordenador.

Martes, 22:39 horas.

Y de refilón, miro hacia atrás por una milésima de segundo para ver el asta del toro a punto de pillarme.

Otra vez.

Y es que no aprendo.

Vamos a achacarlo a la repentina llegada del verano. Hay varios factores que me confirman que es un hecho.

Te los cuento:

Escozor en la huevera. El perineo, la franja prohibida, el lugar que no conoce la luz del sol, la zona cero.

Ayer salí a correr.

Dos horas y media. En breve tengo mi primera carrera del año. 44 km y 5800 metros de desnivel y hay que prepararse. Hago lo que puedo.

El caso es que tras una ducha reconfortante que ha acabado con agua fría para intentar atemperar el cuerpo, he comenzado a notarlo.

Algo no andaba bien.

Al final me he dado cuenta que no era “algo”, sino “alguien” el que no andaba bien. Yo mismo. Parecía que me había dejado el caballo atado a la valla del Saloon mientras el viento movía los estepicursores a su antojo por las calles vacías del poblado.

He tenido que buscar el nombre. Quizás hubiera sido suficiente con que te dijera “una de esas bolas rodantes de las películas del oeste americano”.

Quédate con esa palabra. Igual alguna vez te hace quedar como un erudito.

Bueno, pues ese escozor íntimo se produce cuando sudo demasiado y ayer fue el primer día de verdadero calor.

Otro factor determinante es el esfuerzo que tengo que hacer para volver a casa andando después de recoger a las niñas del colegio.

Es difícil encontrar una sombra en el camino de vuelta a casa. El paso se reduce, las dos mochilas colgando de mis hombros empiezan a dejar una ligera marca de sudor en mi camiseta con forma de asa y las continuas quejas de las niñas son claros indicadores de que el verano está aporreando las puertas.

El verdadero reto empieza la semana que viene, cuando tenga que recogerlas una hora antes. Tres de la tarde, con la comida prácticamente bajando todavía por el esófago y un sol en todo lo alto lanzándome rayos abrasadores para impedir que avance.

A veces parece que el ardiente astro ralentiza su movimiento para poder disfrutar de mi sufrimiento que acaba en cuanto entro por la puerta de la urbanización, un vergel de árboles y sombras que me devuelven la respiración.

Pero bueno, eso será la semana que viene en la que la pregunta más popular pasará de ser:


Papá, ¿Qué hay hoy de cena?

A

Papá, ¿cuándo abren la piscina?

El último factor que indica claramente que ha llegado el verano es que, por fin, han terminado las fiestas del pueblo.

Sigo mañana. Lo siento, estoy empezando a dar cabezazos sobre el teclado. Bueno, ¿para qué nos vamos a engañar?, en realidad, necesito ponerme ya el pijama de verano que da absoluta libertad y frescor a la zona cero que necesita ser liberada de ataduras y roces innecesarios.

Olvida esto que te he contado, imagino que casi tres horas corriendo bajo un sol de justicia, han dado como resultado un trauma, responsable, sin duda alguna, de este exhibicionismo testicular que a nadie importa, salvo a mi caballo y a mi.

Vamos, que no sé lo que me digo.

Mañana más.

….

Niños en el instituto y niñas entregadas. Todos con su correspondiente bocata, menos la más pequeña que es más fina y quiere el fuet cortado en finas lonchas acompañado de regañás. Primeras horas del día, las más intensas, superadas con éxito.

Las zonas afectadas parece que van recuperando la normalidad después de haberme aplicado una cremita milagrosa. Aquello parecía la cara del Joker.

Esto va de crear imágenes en tu mente con las palabras y creo que la imagen ha quedado bastante clara, ¿no?

Prosigamos con la historia que quería contar hoy. Hasta ahora ha sido todo demasiado superficial, creo que necesitaba empezar a hablar de las rozaduras de la piel para olvidarme por una temporada de las rozaduras del alma.

Porque la piel también siente.

Han terminado las fiestas del pueblo. Cinco días inacabables de ferias, cacharros que suben y bajan, coches de choque, salchipapas, música estruendosa, desfiles de adolescentes exhibiendo sus mejores galas, sus mejores sonrisas, sus mejores poses, sus mejores peinados y sus mejores calzoncillos.

Debe de haber un defecto en las fábricas actuales de pantalones que a todos les quedan por debajo del culo. Eso sí que es preocupante y no que no nos hayan dado puntos en Eurovisión, aunque fueran de sutura, porque el golpetazo ha sido sonoro.

Pero lo que más me impresiona a mi son las atracciones que dan vueltas y vueltas.

Como la vida misma.

La gran rueda sigue girando en una línea simple, día a día.

Y viendo como alguno de mis hijos daba vueltas alrededor del eje y sobre sí mismo, tratando de no marearme solo con la visión, de repente, sin la ayuda de ninguna sustancia externa, conseguí retroceder la gran rueda hasta verme a mi mismo, siguiendo también las modas, vestido como el resto de adolescentes, con el mismo peinado estilo Brandon Walsh, sentado en las barandillas de los coches de choque esperando mi turno y deseando que la niña de los ojos azules se subiera en mi mismo turno con la esperanza de que un buen choque y un sonrisa fueran suficientes para que se fijara en mi.

Exactamente lo mismo que mis hijos estaban haciendo en esos mismos instantes.

Porque la gran rueda sigue girando, una y otra vez.

Porque los anhelos humanos siguen siendo los mismos, aunque estemos en el amanecer de la inteligencia artificial que solo produce, pero no siente.

El anhelo de sentir la aceptación de los demás, de percibir la sensación de pertenencia, de experimentar la amistad, de valorarla por encima de cualquier cosa, la necesidad de querer ser mayor siendo todavía un niño, y sobre todo, el deseo de encontrar el amor.

Eso es invariable, es una necesidad humana que llevamos dentro, imborrable, eterna. No podemos luchar contra eso, es aire y es agua.

Y eso es lo que pensaba mientras los tentáculos del pulpo subían y bajaban y giraban sobre su eje en círculos infinitos…hasta que la mano de mi hija pequeña se deslizó sobre la mía para evitar que mi mente dejara de dar vueltas y más vueltas y traerme de nuevo, sano y salvo, al presente.

Por fortuna, en el último instante de inconsciencia pude recuperar una pequeña parte de todo ese viaje circular a mi pasado para poder contártelo hoy, mientras la pequeña me repetía la frase que me instalaba de nuevo en la realidad:

“Papá, ¿me compras unas salchipapas?”

Pero lo mejor de las fiestas no fue eso. Lo mejor de todo sucedió el domingo, cuando la mayor de las niñas realizó su baile de exhibición en la plaza de la cultura.

Lleva todo el año apuntada a una academia de baile y te puedo asegurar que ella practica de solo a sol. Pero no lo hace por ser la mejor o por vergüenza de equivocarse.

Ella lo hace por que lo disfruta, porque necesita el movimiento, porque se expresa a través de él, porque bailar forma parte de ella. Y no es algo motivacional o inspiracional, es pura necesidad física.

Ella no puede estar parada y ha encontrado en el baile una manera de reconducir esa necesidad y esa energía.

Y eso se notó.

Yo no podía dejar de mirarla ni siquiera para limpiarme la baba que caía a chorretones por mi barbilla dejando un gran charco en el suelo.

Por supuesto que me sentía orgulloso.

Pero también sentía cierta envidia y no solo porque yo sea completamente incapaz de aprenderme una coreografía o porque tenga dos pies izquierdos para el baile (aunque tuviera dos pies derechos para el fútbol).

No, la envidia no venía por eso. La envidia venía por su capacidad para comunicar con el movimiento, con la sonrisa, con la actitud.

Yo, que cada semana intento hacerlo con palabras, que me estrujo el cerebro para intentar expresar lo que quiero en cada momento, que agoto a mis musas con mis peticiones y con mis contradicciones, no podía dejar de maravillarme ante todo lo que mi hija estaba comunicando encima de ese escenario.

Seguridad, pasión, convicción, confianza, placer y toneladas y toneladas de disfrute, en cada paso, en cada movimiento, en cada patada, en cada gesto y en todas las sonrisas y las miradas.

Ella quería estar allí, era lo único que le importaba en esos momentos. Estar. Bailar. Compartir con sus compañeras. Emocionar. Vivir.

El domingo aprendí que las palabras no son las dueñas de la comunicación, sino que son las emociones, que la autenticidad está por encima de la retórica, y que disfrutar cada segundo de lo que haces es lo que marca realmente la diferencia para tocar el alma de los demás.

Sí, los ojos se me llenaron de lágrimas, no pude ni quise evitarlo porque sentí y entendí, de una manera completamente nueva, lo que mi pequeña bailarina de ojos azules sentía. Felicidad.

Y eso, en un mundo que no para de girar sin sentido, debería ser nuestra única búsqueda.

Mientras la rueda sigue girando, el cielo se reorganiza
Mira hijo mío, el clima está cambiando

Me gustaría sentir que podrías ser libre
Mira hacia arriba a los cielos azules debajo de un nuevo árbol

The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day
The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes

There’s a hole in my soul like a cavity
Seems the world is out
To gather just by gravity
The wheel keeps turning the sky’s rearranging
Look my son the weather is changing

I’d like to feel that you could be free
Look up at the blue skies beneath a new tree
Sometime again
You’ll turn green and the sea turns red
My son I said the power of reflections
Over my head
The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day
The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes

We sang about the sun
And danced among the trees
And we listened to the whisper
Of the city on the breeze
Will you cry in the most in a lead-free zone
Down within the shadows
Where the factories drone
On the surface of the wheel
They build another town
And so the green come tumbling down
Yes close your eyes and hold me tight
And i’ll show you sunset sometime again

The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day
The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes
As a child solemn pray
My hope hides in disguise
While satellites and cameras
Watch from the skies
An acid drop of rain recycled from the sea
It washed away my shadow
Burnt a hole in me
And all the king’s men
Cannot put it back again
But the ghetto sun will nurture life
And mend my soul sometime again

The big wheel keeps on turning
On a simple line day by day
The earth spins on its axis
One man struggle while another relaxes

La gran rueda sigue girando
En una línea simple día a día
La tierra gira sobre su eje
Un hombre lucha mientras otro se relaja

Hay un agujero en mi alma como una caries
Parece que el mundo está
Reuniéndose solo por gravedad
La rueda sigue girando, el cielo se reorganiza
Mira hijo mío, el clima está cambiando

Me gustaría sentir que podrías ser libre
Mira hacia arriba a los cielos azules debajo de un nuevo árbol
En algún momento de nuevo
Te volverás verde y el mar se volverá rojo
Hijo mío, dije el poder de las reflexiones
Sobre mi cabeza
La gran rueda sigue girando
En una línea simple día a día
La tierra gira sobre su eje
Un hombre lucha mientras otro se relaja

Cantamos sobre el sol
Y bailamos entre los árboles
Y escuchamos el susurro
De la ciudad en la brisa
¿Llorarás en lo más profundo de una zona libre de plomo?
Abajo, dentro de las sombras
Donde las fábricas zumban
En la superficie de la rueda
Construyen otra ciudad
Y así el verde cae rodando
Sí, cierra los ojos y abrázame fuerte
Y te mostraré el atardecer en algún momento de nuevo

La gran rueda sigue girando
En una línea simple día a día
La tierra gira sobre su eje
Un hombre lucha mientras otro se relaja
Como un niño rezo solemne
Mi esperanza se esconde disfrazada
Mientras satélites y cámaras
Observan desde los cielos
Una gota ácida de lluvia reciclada del mar
Lavó mi sombra
Quemó un agujero en mí
Y todos los hombres del rey
No pueden volver a ponerlo
Pero el sol del gueto nutrirá la vida
Y sanará mi alma en algún momento de nuevo

La gran rueda sigue girando
En una línea simple día a día
La tierra gira sobre su eje
Un hombre lucha mientras otro se relaja

3 comentarios en «Hymn of the Big Wheel. Massive Attack»

  1. Marcos que alegria ler te.
    He intentado contactar contigo por diversas formas y no há havido manera…

    Um grande abraço deste tu seguidor y amigo de Portugal

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